Si Agia Anna es la postal turística, Mouros es el secreto de los locales. Una pequeña ensenada en el suroeste de la isla, 80 metros de canto rodado blanco entre paredes de roca caliza, y agua de un azul casi fluorescente que se aclara según se acerca a la orilla. Está al final de un sendero, sin chiringuito, sin sombrillas, sin pescaderos: solo viento, gaviotas y el rumor del Egeo.
Cómo es realmente
Las piedras son medianas, redondas, doradas. El fondo se hace profundo enseguida, con grandes bloques sumergidos perfectos para snorkel. Si llevas mascarilla y aletas, dedica una hora a recorrer el lado izquierdo de la cala: hay grietas con peces de roca, algún pulpo escondido y, si tienes suerte, las primeras tortugas del año (mayo-junio).
Pain points
- Acceso: el sendero desde el aparcamiento son 15-20 minutos cuesta abajo, con piedra suelta. Calzado cerrado obligatorio. La vuelta cuesta más, sobre todo a las cuatro de la tarde.
- Sombra: prácticamente nada. Algún saliente rocoso a primera o última hora del día. Sombrilla de playa con anclaje sólido o lona.
- Sin servicios: ni baños, ni chiringuito, ni alquiler. Lleva 3 litros de agua por persona en agosto.
- Niños pequeños: no recomendable. Sendero, profundidad, falta de servicios.
- Sin cobertura móvil en la cala. Avisa antes de bajar.
Cuándo ir
A primera hora (antes de las 11:00) o a última (después de las 17:00). En agosto puede haber 15-20 personas, lo que ya parece "lleno" en una cala así. En junio o septiembre suele estar prácticamente vacía.
Combina con
Es la playa perfecta para combinar con la subida al monasterio de Hozoviotissa por la mañana o con la visita al naufragio del Olympia, que está a 20 minutos en coche por la misma carretera del sur. Una jornada de monasterio, baño en Mouros, comida tardía en Hora y tarde-noche en una taberna alta es uno de los días redondos de las Cícladas.