El Museo Arqueológico de Milos ocupa un edificio neoclásico del siglo XIX en el corazón de Plaka, justo al pie de la subida al Kastro. Fue diseñado por el arquitecto danés Ernst Ziller (el mismo que trazó buena parte de la Atenas moderna) y remodelado por completo en la última década. Es un museo pequeño (una sola planta, seis salas conectadas) pero muy bien curado, y en 45-60 minutos ves lo esencial de la historia antigua de la isla.
La pieza estrella: la Venus de Milo (réplica).
La estatua original de Afrodita de Milos, esculpida en mármol de Paros hacia el 100 a.C. y encontrada por un campesino local llamado Yorgos Kentrotas en 1820 en el yacimiento del teatro romano de Trypiti, salió de la isla en un dramático episodio de intriga diplomática en el que los franceses del navío Estafette la compraron a los otomanos justo antes de que los griegos pudiesen impedirlo. Desde entonces reside en el Louvre de París, donde es una de las tres estatuas antiguas más famosas del mundo (junto con la Victoria de Samotracia y el propio David).
El museo de Milos alberga una réplica en yeso a tamaño real, colocada de forma respetuosa en un espacio propio con iluminación cuidada. No es la original, obviamente, pero para el visitante medio que probablemente no volverá a París en años es una buena aproximación. El cartel explicativo cuenta la historia completa del hallazgo, la venta y las tres reivindicaciones formales de repatriación que Grecia ha presentado desde 1980 (todas rechazadas).
Filakopi y la Edad de Bronce.
La sala más rica del museo (y donde en realidad merece la pena detenerse) es la dedicada al yacimiento de Filakopi, la ciudad minoica que floreció en la costa nordeste de la isla entre el 3200 y el 1100 a.C. gracias al comercio de obsidiana. Se ven una veintena de figuritas de arcilla (destaca "La Señora de Filakopi", una pequeña divinidad femenina del siglo XIV a.C.), un bello altar cerámico, la famosa "manada de toritos" (docenas de figurinas de bronce y arcilla dedicadas quizás a Poseidón), fragmentos de fresco con estilo cretense muy influido por Cnossos, y multitud de utensilios domésticos.
Otras salas: cerámica geométrica del siglo VIII a.C., objetos funerarios helenísticos, monedas de la ceca de Milos, y algunos hallazgos de tumbas romanas de Klima. Todo está identificado en griego y en inglés (los cartelitos son claros y no académicos).
Puntos de dolor:
- ¿Merece la pena si voy a París? Depende. Si vas a París en los próximos 2-3 años y verás la Venus original, quizás no. Si Grecia es tu único viaje europeo del año, sí. Además, la sala de Filakopi por sí sola justifica la visita para cualquier interesado en arqueología minoica: es la principal colección del mundo sobre este yacimiento.
- Horario limitado. Cierra a las 15:30 todos los días, y los martes cierra todo el día. Planifícalo por la mañana o mediodía, jamás por la tarde.
- Señalización en inglés. Los cartelitos están bien escritos pero son breves. No hay audioguía. Si quieres profundizar, el librito del museo (5 €) en inglés es una buena guía. En griego y en inglés.
- Fotos permitidas sin flash. El personal es relajado.
Combinar con: la visita al museo se hace bien combinada con las Catacumbas paleocristianas (a 15 minutos andando bajando desde Plaka) y con el propio pueblo de Plaka para subir al Kastro al atardecer. Todo en el mismo trayecto de tarde.
Precio y accesibilidad: 4 € entrada general, 2 € reducida (estudiantes UE, mayores 65), gratuita menores de 18. Accesibilidad limitada (edificio antiguo con escalones a la entrada, no rampa). No hay cafetería propia pero hay una decena de opciones a menos de 100 metros.