El tesoro del Monasterio de San Juan es, sin exagerar, uno de los museos más valiosos de Grecia por metro cuadrado. Está dentro del recinto del monasterio, en Chora de Patmos, y muchos visitantes pasan de largo sin saber que su entrada ya lo incluye.
Eso es lo primero que hay que decir: el ticket de 5 euros del monasterio da acceso también al tesoro. No hay que pagar dos veces. Lo que sí se paga aparte son los 3 euros de la Cueva del Apocalipsis, que está a mitad de camino entre Chora y el puerto.
¿Merece la pena entrar?
Nos hicimos esa pregunta en la puerta, con el calor de mediodía y el grupo de un crucero taponando el pasillo. La respuesta es un sí rotundo, y no hace falta ser creyente ni saber paleografía para que lo sea.
Aquí está la biblioteca de un monasterio que no ha dejado de funcionar desde 1088. Nunca fue saqueado del todo, nunca fue abandonado, y por eso conserva más de 900 manuscritos: pergaminos, códices litúrgicos, evangelios, documentos imperiales y actas notariales de casi mil años seguidos.
Las piezas que hay que buscar
Si el tiempo aprieta, estas son las que no conviene perderse.
El Códice Purpúreo de Marcos. Fragmentos del siglo VI escritos sobre pergamino teñido de púrpura con letras de plata. Solo el material dice de quién era: la púrpura estaba reservada al ámbito imperial. Que unas hojas de esa calidad hayan sobrevivido quince siglos en una isla de 34 kilómetros cuadrados es lo que cuesta asimilar.
La bula de oro de Alejo I Comneno, año 1088. El documento con el que el emperador bizantino cedió Patmos entera al beato Cristódulo para que fundara el monasterio. Es literalmente el acta de nacimiento de todo lo que se ve en la isla, y está ahí, en una vitrina, con su sello.
Los iconos. Del siglo XI al XVIII, incluyendo tablas de escuela cretense y piezas con revestimiento de plata. Algunos tienen un estado de conservación que sorprende.
Los textiles y la orfebrería. Vestiduras litúrgicas bordadas con hilo de oro, cálices, relicarios y cruces procesionales. Las casullas bordadas son la sorpresa para quien entra pensando que esto va solo de libros.
Cuánto tiempo hace falta
Entre cuarenta minutos y una hora, según cuánto se pare a leer. Es un museo compacto, de pocas salas, así que no hay riesgo de agotamiento. Sumado al monasterio y a un paseo por Chora, la visita completa sale en media jornada.
Quien venga de crucero y con horario apretado puede verlo en veinticinco minutos yendo a lo esencial, pero será una lástima.
Cartelería e idiomas
Hay rótulos en griego e inglés en las piezas principales, con la datación y una explicación breve. No hay paneles largos de contexto histórico ni audioguía, así que ayuda mucho llegar sabiendo qué es la bula de oro y quién fue Cristódulo. Con lo que cuenta la guía de Patmos va sobrado.
En español no hay nada. Los monjes y el personal atienden en griego e inglés.
Horarios y cómo esquivar la masificación
Abre todos los días de 08:00 a 13:30, y además por la tarde de 16:00 a 18:00 los martes, jueves y domingos entre abril y octubre. Fuera de temporada conviene confirmar antes de subir, porque los horarios se recortan.
El museo se llena de golpe cuando desembarca un crucero. La marea llega desde el puerto en autobuses y se mete en el monasterio en bloque. La solución es ir a primera hora, en cuanto abre a las ocho, con el recinto todavía en silencio.
La franja de tarde de los martes, jueves y domingos es la otra jugada buena: suele estar mucho más tranquila que la mañana.
Código de vestimenta, en serio
Esto no es un consejo, es un requisito. El código es estricto y se aplica en la puerta: hombros y rodillas cubiertos, para hombres y para mujeres. Nada de pantalón corto, nada de tirantes, nada de vestidos por encima de la rodilla.
Se dice que a veces prestan algo para cubrirse, pero no hay que contar con ello. Llevar un pañuelo grande en la mochila y unos pantalones ligeros resuelve la entrada al monasterio, al tesoro y a la cueva el mismo día.
Fotografía
Prohibido fotografiar en el interior del tesoro. Sin excepciones y sin flash apagado que valga: los manuscritos y los pigmentos de los iconos son sensibles a la luz. Guarda el móvil antes de entrar y evita la conversación incómoda con el guardián.
En los patios del monasterio sí se puede, y ahí están las mejores fotos del conjunto.
Cómo llegar y dónde aparcar
El tesoro está dentro del recinto del monasterio, en lo alto de Chora. Desde Skala se sube en autobús desde el muelle, en taxi o con coche de alquiler, unos cuatro kilómetros de cuesta.
En Chora el coche no entra. Se aparca en los descampados de la entrada del pueblo y se camina el último tramo por los callejones, entre cinco y diez minutos. En agosto esos aparcamientos se llenan a media mañana, otro argumento para madrugar.
Accesibilidad
Es la parte floja. Para llegar hay adoquines irregulares, cuestas y escalones, y dentro del monasterio se suben tramos de escalera de piedra sin rampa alternativa. Un edificio de 1088 no se adapta fácilmente.
Quien tenga movilidad reducida puede pedir al taxi que le deje lo más cerca posible de la puerta del monasterio, que es lo más practicable, pero el acceso al tesoro implica escalones. Merece la pena preguntar en la entrada por el recorrido más corto.