Chora (Hora, para los locales) es la capital de Patmos y el pueblo más bonito del Dodecaneso, dicho sin matices. Se apiña alrededor de la fortaleza del Monasterio de San Juan, en lo alto de la isla, y desde abajo parece un montón de azucarillos derramado a los pies de un castillo.
La UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el conjunto formado por el monasterio, la Cueva del Apocalipsis y este pueblo. No es solo el monasterio: el casco urbano entero está protegido, y se nota en que no hay un solo cartel luminoso ni una terraza de plástico.
¿Merece la pena el desvío?
Sí, y es la respuesta más fácil de toda la guía de Patmos. Chora no es un añadido a la visita del monasterio, es la mitad del plan. Mucha gente sube, ve el monasterio, hace dos fotos en la plaza y se vuelve al puerto en el mismo autobús. Se pierde lo mejor.
Lo mejor es perderse. Nos perdimos tres veces en veinte minutos y fue exactamente lo que buscábamos. Los callejones son estrechos, encalados, sin apenas rótulos, y giran sobre sí mismos hasta que uno deja de saber hacia dónde cae el mar.
Las casas de los armadores
Detrás de esos muros blancos hay casas señoriales de los siglos XVII y XVIII, construidas por familias de armadores cuando Patmos vivía del comercio marítimo. Desde la calle solo se ven puertas de madera tallada y arcos, pero al cruzar un umbral entreabierto aparecen patios interiores con macetas, cisternas y escaleras de piedra.
Una de ellas se puede visitar: la Casa Simantiris, una casa museo que conserva el mobiliario, la vajilla y los objetos de una familia acomodada patmiota. Los horarios suelen ser cortos y variables, así que conviene preguntar el mismo día en el pueblo.
En las callejuelas traseras, casi escondido, está el convento ortodoxo de Zoodochos Pigi. Guarda frescos del siglo XVII y viven allí unas cuarenta monjas. Solo se visita el patio, y hay que entrar en silencio, pero ese patio con su parra y sus baldosas justifica la búsqueda.
Los molinos y la plaza del castillo
En el borde del pueblo hay tres molinos de viento del siglo XVI restaurados y en funcionamiento. No son decoración: se rehabilitaron con la maquinaria original y a veces muelen. Están a un paseo corto desde el centro y desde allí la panorámica se abre entera.
La plaza junto al muro del castillo es el otro mirador. Vistas de 360 grados sobre el Egeo, con los islotes al norte y, en días claros, las siluetas de Lipsi y Leros al fondo. Al atardecer se llena, pero se llena de gente callada.
Cómo llegar y dónde aparcar
Chora está a unos cuatro kilómetros cuesta arriba desde Skala. Hay tres opciones:
- Autobús desde el muelle de Skala, con varias salidas al día y trayecto de unos diez minutos.
- Taxi desde la parada del puerto, rápido y con tarifa corta.
- Coche o moto de alquiler, la más flexible si además vas a bajar luego a la playa de Psili Ammos.
Dentro del pueblo el coche es casi imposible. Los callejones no admiten un vehículo y los que caben son residentes con mucha práctica. Se aparca fuera, en los descampados de la entrada, y se entra andando. En agosto esos aparcamientos se llenan a media mañana.
Masificación y mejor hora
Chora se llena cuando desembarca un crucero, y esa marea sube directa al monasterio. La forma de esquivarla es sencilla: ir a primera hora de la mañana o, mejor todavía, a partir de las cinco de la tarde, cuando los grupos ya han vuelto a bordo y el pueblo recupera su ritmo.
Al caer el sol Chora cambia de personaje. Hay restaurantes de buena cocina y bares discretos, sin música alta ni reclamos en la puerta. Se dice que parte del jet set europeo veranea aquí precisamente por eso, porque nadie monta escándalo.
Accesibilidad y calzado
Aquí toca ser honestos. Chora es difícil para quien tenga movilidad reducida: adoquines irregulares, escalones sin barandilla, cuestas cortas pero constantes y calles demasiado estrechas para una silla de ruedas. La zona de la plaza principal y el entorno del monasterio son lo más practicable, y hasta ahí puede acercar un taxi.
Calzado cerrado con suela que agarre. Las piedras están pulidas por siglos de pisadas y resbalan, sobre todo si ha llovido.
Qué ropa llevar
Si la visita incluye el monasterio o el convento, hay que ir con hombros y rodillas cubiertos. Nada de pantalón corto ni de tirantes. Llevar en la mochila un pañuelo grande o unos pantalones ligeros resuelve el problema sin tener que bajar a cambiarse.
Cuánto tiempo hace falta
Para pasear el pueblo sin agobio, entre hora y media y dos horas. Si sumamos el monasterio y su tesoro, media jornada larga. Y si la idea es quedarse a cenar y ver el atardecer desde el castillo, entonces reservamos la tarde entera y ya está.
Cartelería e idiomas
Poca cartelería, y esa es parte del encanto. Alguna placa en griego e inglés en los edificios protegidos, pero no hay paneles interpretativos por las calles ni flechas indicando el camino. Con un mapa descargado en el móvil y la torre del monasterio como referencia visual, es suficiente. En restaurantes y tiendas se habla inglés con normalidad.