Mariza, la playa de los saltos al vacío

Mariza no es una playa al uso. Olvídate de la arena fina y las tumbonas. Aquí no hay sombrillas. No hay chiringuito. Lo que hay son rocas. Muchas rocas. Y un mar verde esmeralda tan profundo que da un poco de vértigo.

Llegamos a Mariza una tarde de calor sofocante. El bus nos dejó en Limenaria y caminamos diez minutos por un sendero que bordea la costa sur. La playa aparece de repente: una plataforma de roca plana, como un solárium natural tallado por el mar durante siglos.

Lo divertido de Mariza es la entrada al agua. Hay escaleras metálicas clavadas en la roca que bajan directamente al mar. También hay un par de puntos donde los locales saltan al agua desde tres o cuatro metros de altura. Vimos a un chaval griego hacer un salto mortal que nos dejó con la boca abierta.

El agua es de un verde profundo, casi oscuro, pero cristalino. La profundidad aumenta rápido. A los pocos metros de la plataforma ya no haces pie. El fondo está lleno de formaciones rocosas, grietas y pequeñas cuevas submarinas. El snorkel aquí es de otro nivel. Vimos pulpos camuflados entre las rocas, erizos morados y bancos de peces de colores que nos rodearon sin miedo.

Mariza no es para todo el mundo. Si buscas arena y comodidades, quédate en Skala. Pero si te gusta la sensación de aventura, de meterte al mar desde una roca con el corazón acelerado, aquí te sentirás en casa.

Lleva escarpinas. Las rocas pueden estar resbaladizas. Lleva agua y algo de picar. Y si puedes, ven por la mañana temprano. El sol da de lleno por la tarde y la roca se convierte en una plancha.

Mariza fue nuestra sorpresa favorita en Agistri. No esperábamos gran cosa. Y nos encontramos una de esas playas que, años después, sigues recordando con una sonrisa.