El monte Ainos es el techo de las Jónicas. Con 1.628 metros, no parece mucho comparado con los grandes macizos griegos, pero sorprende encontrarlo en una isla. Su cara visible domina toda la zona central de Cefalonia, y desde casi cualquier mirador en altura aparece dibujando el horizonte.
Lo más singular del Ainos es su vegetación. Aquí crece el Abies cephalonica, un abeto endémico que no existe en ninguna otra parte del mundo. Forma un bosque oscuro, denso, casi alpino, que cubre las laderas a partir de los 800 metros. Es la imagen menos griega que vas a ver en Grecia: niebla matinal entre coníferas, aire fresco aunque abajo en Argostoli sean 35 °C. La zona alta es parque nacional desde 1962 y el acceso es libre y gratuito.
Hay dos formas de visitarlo:
- En coche (lo más fácil): desde Argostoli o Sami sube una carretera asfaltada que llega hasta una zona de aparcamiento sobre los 1.300 metros, junto a una antena militar. Desde ahí, las vistas son ya espectaculares y se puede caminar un poco hasta el mirador. Calcula 45 minutos de subida desde Argostoli por la carretera EO Argostoliou-Poron.
- A pie: hay varios senderos señalizados que parten de pueblos como Digaleto o de la zona de aparcamiento mencionada. La ruta corta al pico Megas Soros (la cumbre real, 1.628 m) son unos 45 minutos desde el parking más alto.
Pain points reales:
- Temperatura: lleva chaqueta o forro polar incluso en agosto. En la cumbre puede haber 12-15 grados menos que en la costa. Hemos pasado de manga corta a chaqueta en una hora.
- Niebla: muy frecuente al amanecer y al atardecer. Si vas a por las vistas, sube entre las 10h y las 16h. Días con cielo limpio se ven Zakynthos, Lefkada, Ítaca y la costa del Peloponeso.
- Sin servicios arriba: ni agua, ni baños, ni cafetería. Lleva lo necesario.
- Carretera: asfaltada pero estrecha y con curvas cerradas. En coche pequeño no hay problema, en autocaravana muy incómodo.
- Caballos salvajes: una pequeña población de caballos semi-salvajes vive en las laderas altas. Si los ves, no los molestes ni intentes darles de comer. Es una experiencia inesperada y bonita.
Esta excursión combina perfectamente con un descanso en Argostoli o con una visita a las bodegas de Robola en Omala, justo al pie del monte. Y si te gusta el senderismo, complementa con una caminata más larga al castillo de San Jorge en la zona sur.