Agali es la playa donde acaba viniendo todo el mundo en Folegandros, y por buenas razones. Es la más accesible, la mejor equipada y la que tiene la combinación más sensata de comodidad y belleza. Está en una bahía profunda y protegida en la costa sur de la isla, lo que la salva de los vientos del meltemi que castigan al norte en agosto. Y aunque tiene servicios, no es una playa abarrotada al estilo de Mykonos: en temporada alta hay gente, pero queda espacio.

La playa mide unos 280 metros de largo. La arena dorada se mezcla con guijarros redondeados, especialmente cerca de la orilla y en los extremos. Es una combinación cómoda: caminar sobre los guijarros descalzo es fácil porque están pulidos por el mar, y la zona de arena es generosa para extender toallas. Lo que sí hace falta saber: el suelo del fondo del mar es de cantos pequeños y algo de grava, no fango. Algunos prefieren entrar con escarpines, sobre todo si tienes pies sensibles. El color del agua es ese turquesa intenso típico del Egeo, con visibilidad excelente para snorkel en la zona de las rocas a los lados de la bahía.

Una preocupación que se repite es la sombra. La playa en sí no tiene sombra natural: ni pinos ni acantilados protectores, solo cielo abierto. Hay dos opciones: alquilar sombrilla y tumbona en uno de los dos chiringuitos (entre 15 y 20 euros el conjunto en temporada alta, válido todo el día) o traer sombrilla propia. Si vienes en julio o agosto, no negocies con el sol: alguna forma de sombra es obligatoria. Llega temprano, antes de las once, si quieres las mejores ubicaciones cerca del agua.

Los dos chiringuitos son la salvación de la playa. Blue Fish es el más antiguo, con cocina griega de tabernas: ensaladas, gyros, pescado a la plancha, y un café griego decente. Café Tholaria es el más nuevo y más hippie, con smoothies, opciones vegetarianas y un horno de pizza que funciona en verano. Ambos tienen baños limpios, ducha de agua dulce (a veces de pago, un euro), y cargadores de móvil. Los precios son razonables para una playa griega: una comida principal sobre 12-18 euros, una cerveza grande 5 euros.

Para llegar tienes varias opciones. El autobús de la Chora baja directo a Agali cada hora aproximadamente en temporada, parada en la parte alta de la playa, bajada por un sendero de cinco minutos hasta la arena. Cuesta menos de dos euros. La otra opción, la más romántica si tienes condición física, es bajar a pie desde la Chora por el viejo sendero que arranca cerca del Kastro: unos 45 minutos cuesta abajo, vistas espectaculares, pero recordar que tienes que volver subiendo. Por eso muchos hacen ida en bus y vuelta a pie a la inversa, según calor y humor. Para los conductores hay un parking pequeño justo encima de la playa, que se llena pronto en agosto.

Lo mejor de Agali es que es la base de operaciones perfecta para descubrir las calas escondidas de los alrededores. Desde el extremo derecho de la playa (mirando al mar) sale un sendero costero que en quince minutos lleva a Galifos, una cala más pequeña con un par de chiringuitos hippies. Quince minutos más y llegas a Fira, una cala diminuta sin nada de infraestructura, ideal para escapar del ruido. Y si sigues media hora más, llegas a Agios Nikolaos, una de las playas más bonitas y aisladas de la isla. Todo este recorrido se puede hacer también en barca-taxi desde Agali, que sale varias veces al día por unos 10 euros ida y vuelta.

En cuanto al ambiente, Agali es familiar pero relajada. Encuentras parejas, mochileros, alguna familia con niños, y muchos visitantes que se quedan todo el día con descansos en los chiringuitos. No es zona de fiesta playera, no hay música alta, ni eventos. La diversión está en el agua y en lo que la acompaña. Para familias con niños, la combinación de fondo arenoso cerca de la orilla, agua tranquila, y servicios completos hace de Agali la mejor elección de Folegandros.

Si te alojas en Agali (hay tres pensiones pequeñas justo encima de la playa, todas con vistas), tienes la ventaja del baño a primera hora de la mañana, cuando todavía no ha llegado el autobús ni los visitantes del día. Esa media hora entre las siete y media y las ocho, con la bahía vacía, el agua lisa como un espejo, y el sol bajo recortando sombras alargadas: ese es el mejor momento de Folegandros. Vale la pena despertarse temprano una mañana para vivirlo.