Vardia es una de esas calas pequeñísimas que casi nadie conoce y que existen precisamente por eso. Es una cala diminuta, de unos cincuenta metros, encajada al pie del acantilado que sostiene la Chora. Para llegar hay que bajar por un sendero empinado durante unos veinte minutos. La recompensa es un baño solitario en agua perfecta, con una vista impresionante de la Chora vertical sobre tu cabeza y, en el horizonte, la inmensidad del Egeo.
La playa está formada exclusivamente por cantos rodados pulidos. No hay nada de arena, lo cual la descarta automáticamente para quien busca tumbarse cómodo a leer un libro. Hay que aceptar que estás sobre piedras: las toallas se ponen sobre las rocas más planas, o lo más razonable es traer una colchoneta inflable que aísla del suelo. Para entrar al agua, las mismas piedras forman una orilla pendiente que en algunos puntos es un poco incómoda. Escarpines son útiles aunque no obligatorios.
El acceso es la parte más comentada. El sendero arranca del extremo sur de la Chora, en la zona donde el pueblo termina y el acantilado se abre. Hay una señal de madera que indica Vardia. El descenso es por escalones tallados directamente en la roca, con tramos de zigzag, sin barandilla. La pendiente es pronunciada, y en algunos puntos hay que ir con cuidado, especialmente con calzado deslizante. Bajar lleva unos quince minutos. Subir, dependiendo del calor y la forma física, entre veinte y treinta. La vuelta es esfuerzo: si tienes problemas de rodilla o cardiovasculares serios, mejor opta por otra playa.
Una preocupación habitual: no hay sombra en la cala. La pared del acantilado da sombra parcial solo a partir de las cuatro o cinco de la tarde, cuando el sol empieza a quedar tapado por la altura. Antes de esa hora todo es sol directo. Si vas a mediodía en agosto, vas a pasarlo mal. La estrategia inteligente es bajar a Vardia a las cinco o seis de la tarde, disfrutar del baño con la sombra que ya cubre la cala, ver el sol caer detrás de los acantilados, y subir cuando todavía hay luz. Esa es la mejor forma de aprovechar Vardia.
El agua es excepcional. Como la cala es pequeña y profunda, no hay zona de poca profundidad: en cuatro brazadas ya estás en dos o tres metros de fondo. Es perfecto para nadar pero no es lugar para niños pequeños o personas con poca habilidad en el agua. Para snorkel es interesante: hay rocas a los lados con fondos de algas donde se ven peces pequeños, pulpos ocasionales, y a veces erizos (cuidado al apoyarse en piedras submarinas, escarpines ayudan).
Lo que hace especial a Vardia es la perspectiva. Desde la cala, mirando hacia arriba, ves la Chora entera colgada del acantilado, las casas blancas perfilando el borde, y la pequeña iglesia de Pantanassa sobresaliendo del Kastro. Es una vista que no se obtiene desde ningún otro punto de la isla, y por sí sola justifica el descenso. Para fotografía es espectacular, especialmente en el ángulo bajo con la cala en primer plano.
Otro detalle: no hay nadie. En los días de pleno agosto puedes encontrarte con tres o cuatro personas, no más. La mayoría de visitantes prefieren las playas con servicios o las más conocidas, lo cual es perfecto para los que buscan tranquilidad. En junio o septiembre puedes estar completamente solo durante horas.
La estrategia ideal: combinar Vardia con el atardecer en la Panagia. Bajar a Vardia a las cuatro o cinco, pasar dos horas de baño tranquilo, subir despacio a la Chora, descansar en uno de los bares de la plaza Piatsa, y luego subir a la Panagia para ver el atardecer. Cuando bajes ya de noche, todo el pueblo está iluminado y la cena en taberna sabe el doble de bien después de la jornada activa.
Una recomendación importante: lleva todo lo que necesites desde la Chora. En Vardia no hay agua, ni baño, ni quiosco, ni nada. Una botella de agua grande por persona, algo de fruta, crema solar reaplicable, y una toalla extra para sentarte sobre las piedras. Si vas a estar varias horas, considera traer una pequeña sombrilla de mano. Vuelve con todo lo que has traído: la cala es virgen y mantenerla así depende de los visitantes.
Para quien viene a Folegandros con tiempo y curiosidad, Vardia es una de esas calas que se quedan en el recuerdo no por la belleza extrema sino por la sensación de descubrimiento. Es el tipo de playa que uno tiene como secreto y que recomienda solo a la gente correcta. Ahora que la tienes, úsala con respeto y disfrútala despacio.