Si Folegandros tiene una imagen que define la isla por encima de todas, es esta: la iglesia blanca con cúpula azul de la Panagia, recortada contra el cielo, coronando el punto más alto del acantilado que cae 200 metros hasta el mar. Subir hasta ella al atardecer no es una excursión más entre las que hacer en la isla. Es la experiencia.

La iglesia tiene una historia que da cierta solemnidad al lugar. La construcción actual data del siglo XVII, pero hay evidencias de que el sitio se ha usado como espacio sagrado desde la antigüedad, probablemente sobre los restos de un templo dedicado a Artemisa o a una diosa local. El icono de la Virgen que se venera dentro se considera milagroso por los habitantes y tiene una historia preciosa: se dice que fue robado por piratas en el siglo XVII y reapareció flotando intacto cerca de la costa de Folegandros. Cada año, el 15 de agosto, se celebra la Asunción con una procesión que baja el icono hasta la Chora y vuelve a subirlo entre cantos. Si visitas la isla en esas fechas, no te pierdas esta celebración: es una de las fiestas religiosas más auténticas de las Cícladas.

Una preocupación que escuchamos siempre es lo dura que es la subida. La realidad: es exigente pero no extrema. El sendero zigzaguea ganando altura desde el extremo norte de la Chora (busca la señal Panagia) y tarda entre quince y veinticinco minutos dependiendo de tu ritmo. El pavimento es de piedra antigua, no hay barandillas en algunos tramos, y hace falta calzado cerrado. En sandalias se puede hacer pero te vas a frustrar. Una buena noticia para quien tiene problemas de rodilla: el sendero está bien escalonado, no es subida directa.

El otro pain point recurrente es la falta de sombra. El sendero es completamente expuesto al sol. Si subes a mediodía en julio o agosto, vas a sufrir de verdad. La hora correcta es una hora antes del atardecer, cuando el sol ya no pega fuerte y vas a coincidir con la mejor luz. Lleva agua, lleva sombrero si todavía pega el sol. Para la bajada después del atardecer, llevar linterna del móvil porque algunos tramos no están iluminados y la oscuridad llega rápido.

Lo que encuentras arriba: una iglesia pequeña, encalada de blanco, con su cúpula azul típica cicládica, rodeada de una explanada con muros bajos donde la gente se sienta a esperar el atardecer. La iglesia abre habitualmente a primera hora de la tarde para los visitantes (no siempre, depende del párroco local). Dentro tiene un iconostasio interesante y el icono milagroso de la Virgen, sencillo pero conmovedor. Las paredes están llenas de exvotos, esos pequeños cuadros de metal que la gente deja como agradecimiento por una curación o un favor concedido.

Pero más que la iglesia en sí, lo memorable es la perspectiva. Desde arriba ves la Chora entera desplegada como una maqueta blanca a tus pies, el mar Egeo extendiéndose hasta el horizonte, los acantilados cayendo verticales hacia el agua, y si el día es claro las siluetas de Sikinos y Santorini a lo lejos. Cuando el sol empieza a bajar, todo se tiñe de naranja y rosa, los muros blancos brillan dorados, y se hace un silencio raro entre las treinta o cuarenta personas que han subido. Es de esos momentos que se quedan grabados.

Un consejo: no hace falta llegar arriba con muchísima antelación. Quince o veinte minutos antes del atardecer es perfecto. Si llegas demasiado pronto te aburres y si vas tarde puede que ya no encuentres sitio bueno para sentarte. Una vez puesto el sol, espera otros diez minutos más: la luz que queda después del ocaso (la llamada hora azul) es a veces más bonita que el atardecer mismo. Y entonces baja despacio mientras se encienden las farolas de la Chora abajo.

Si te gusta la fotografía, esta es la mejor sesión de Folegandros. Para fotos en formato horizontal, conviene buscar un punto un poco más al sur de la iglesia, donde el contraste entre el blanco de la Panagia y el azul del cielo da los mejores resultados. Para la Chora vista desde arriba, hay un par de puntos cerca del muro perimetral con vista limpia.

Después de bajar, lo natural es cenar en una de las tabernas de la Chora. Pounta, Eva's Garden o Chic son los favoritos. Pide matsata con cabra y un Asyrtiko frío, sigue hablando del atardecer que acabas de ver, y entiende por qué Folegandros enamora a quien la visita. La subida a la Panagia es exactamente la razón por la que se viaja a las islas griegas.