El Kastro de Folegandros es uno de los castillos medievales más bonitos y mejor conservados de las Cícladas, y al mismo tiempo es algo que pocos castillos pueden decir: sigue siendo un barrio habitado. Está integrado en la Chora, ocupa la parte más alta del pueblo, y nadie levanta una alambrada para visitarlo. Tú entras, caminas por sus callejones, miras al sol asomar entre las casas blancas, y al lado de ti pasa una abuela con la compra. Es vida cotidiana en un escenario de novecientos años.
Los venecianos construyeron el Kastro a comienzos del siglo XIII, cuando Marco Sanudo lo incluyó en su Ducado del Egeo. La función era defensiva: Folegandros sufría incursiones constantes de piratas otomanos y berberiscos que llegaban a saquear los pueblos costeros. La solución que se inventaron fue brillante: en lugar de construir una muralla independiente, hicieron que las casas mismas formaran el muro perimetral. Las fachadas exteriores no tienen ventanas a media altura, solo aspilleras pequeñas y una puerta única, robusta, de madera. Pegadas unas a otras formaban un anillo defensivo continuo. Dentro, una red de callejones estrechos conectaba todas las viviendas.
El sistema funcionaba así: cuando llegaban los piratas a Karavostasi, el vigía hacía sonar la campana, todos los habitantes corrían a refugiarse dentro del Kastro, cerraban las puertas perimetrales, y los asaltantes se quedaban fuera sin manera de entrar. La estructura aguantó siglos sin caer. Hoy, las mismas casas que sirvieron de fortaleza siguen habitadas por familias locales, muchas descendientes directos de los originales colonos venecianos.
Una preocupación habitual es si se puede entrar al Kastro libremente o hay que respetar horarios. La buena noticia: es un barrio público, no hay valla ni entrada controlada, y los habitantes están acostumbrados a las visitas. Eso sí, vivienda particular significa respeto. No te asomes a ventanas abiertas, no fotografíes a la gente sin pedir permiso, no hables muy alto al pasar. Es de buena educación, y los locales son los primeros que agradecen el trato cordial. A cambio recibes saludos amables y a veces invitaciones a pasar a ver el patio interior de una casa antigua.
Lo que hay que ver: las callejuelas de menos de un metro de ancho con sus arcos blancos, las puertas pintadas de azul que conservan los herrajes originales, las macetas con basilico que perfuma el ambiente, y especialmente las dos iglesias incrustadas en la estructura. La iglesia de Pantanassa y la de Eleousa son ortodoxas, pequeñísimas, y abren ocasionalmente por la mañana. Si pillas una abierta, asómate: el iconostasio dorado contrasta con la sobriedad exterior.
Una sugerencia: visita el Kastro a primera hora de la mañana (entre las ocho y las diez) cuando casi no hay gente y la luz da de lleno en las fachadas. La diferencia con el atardecer, cuando el barrio está más concurrido, es notable. También es buen momento para fotografía: las sombras pronunciadas marcan la geometría de las casas con mucha más fuerza que la luz plana del mediodía.
El paseo completo por el Kastro se hace en media hora si lo recorres sin pararte, o en una hora si te tomas el tiempo. Es muy fácil perderse, pero la zona es tan pequeña que siempre acabas saliendo en uno de los tres accesos que dan a las plazas principales de la Chora. Aprovecha a salir por el lado norte, que da paso directo al sendero que sube a la Panagia: después de explorar el barrio medieval, encadenar con la subida al atardecer es la combinación perfecta para una primera tarde en la isla.
Un detalle bonito: si entras en el Kastro y te quedas quieto unos minutos en uno de los callejones más estrechos, vas a oír el sonido de la vida que pasa. Una radio con música rebétiko, una conversación lejana en griego, alguien fregando los platos. Es la mezcla de monumento histórico y barrio vivo que casi ya no se encuentra en ningún otro castillo medieval del Mediterráneo. Folegandros lo ha conservado intacto, y caminar por aquí es como saltar nueve siglos hacia atrás sin perder la conexión con el presente.
Para los amantes del detalle arquitectónico, recomendamos la guía completa de qué ver en Folegandros donde encontrarás más sobre la historia urbana y la arquitectura cicládica tradicional. El Kastro es la joya pero no la única pieza interesante de la isla.