Ano Meria es el otro Folegandros, el que existe lejos del bullicio de la Chora y de las playas turísticas. Es un pueblo agrícola disperso que se extiende varios kilómetros por el norte de la isla, sin centro definido, sin plaza principal, sin nada que se parezca a una zona turística. Casas blancas separadas por muros de piedra seca, almendros, olivos, alguna pequeña iglesia perdida en medio del paisaje, y cabras pastando libres. Es lo que queda del modo de vida tradicional cicládico, y casi nadie lo conoce.
La pregunta que más nos hacen sobre Ano Meria es por qué visitarlo si parece que no hay nada que ver. La respuesta: precisamente por eso. Si has venido a Folegandros buscando autenticidad griega, Ano Meria es donde la vas a encontrar de verdad. Aquí no hay tiendas de souvenirs, no hay restaurantes para visitantes, no hay infraestructura turística más allá de un par de tabernas familiares que llevan en la misma familia desde hace generaciones. Lo que hay es un paisaje rural intacto y una comunidad pequeña que sigue viviendo de la tierra y de las cabras.
Geográficamente, Ano Meria recorre la única carretera del norte de la isla, partiendo del cruce justo después de la Chora. Si la haces en coche, la travesía dura quince minutos. Si la haces andando, son unas tres horas a paso tranquilo y vas a disfrutar mucho más. El sendero serpentea entre fincas de almendros, sube y baja colinas peladas, y va dando vistas alternadas del mar Egeo a ambos lados. Hay que llevar agua porque no hay fuentes en el recorrido, y sombrero porque la sombra es escasa.
Las dos tabernas imprescindibles son Maria's y la de Irini. La de Maria está más al principio de la carretera, identificable por la enredadera enorme que cubre el patio. Cocina griega de pueblo, con todo lo que se sirve cultivado o criado en la misma finca: matsata (la pasta a mano local) servida con guiso de conejo o cabra, queso fresco de cabra mezclado con miel, tomates de la huerta con orégano. Los precios son ridículos para la calidad, alrededor de 15 euros por persona con vino incluido.
La taberna de Irini está más al norte, ya cerca del faro. Es la más auténtica de toda la isla: la abuela cocina, su hija sirve, y el menú no está escrito en ninguna parte. Lo que hay es lo que ha conseguido conseguir esa mañana. Si tienes suerte cae chuleta de cabra al horno con limón y orégano, ensalada con rúcula salvaje del campo, y postre de yogur con higos. Una preocupación común: hay que ser flexible. Si vas con prejuicios y necesitas elegir entre una carta de veinte platos, no es tu sitio. Si vas con curiosidad y aceptas lo que te traigan, es una de las mejores experiencias gastronómicas de las Cícladas.
Para acceder con coche o quad, el camino es fácil: solo hay una carretera, asfaltada hasta el final, sin pérdida. Para volver de noche desde Ano Meria a la Chora ten cuidado: el camino no está iluminado, las cabras cruzan, y no hay líneas blancas. Conduce despacio.
Más allá de las tabernas, hay un par de cosas para ver. El Folklore Museum de Ano Meria es una pequeña casa tradicional restaurada que muestra cómo se vivía aquí hace setenta años: el horno de leña, los telares, los aperos del campo. Abre tardes de verano y vale los cinco euros de entrada. Y en el extremo final del pueblo arranca el sendero al faro de Aspropounta, una caminata de hora y media por paisaje brutal hasta uno de los miradores más espectaculares de la isla.
Lo que hace especial a Ano Meria es la sensación de detenerse el tiempo. Es difícil de describir hasta que lo experimentas: no es un pueblo congelado en el pasado para turistas. Es un pueblo agrícola real, con vida cotidiana, con vecinos saludándose y con esa lentitud característica de las islas donde nada urge. Si te alojas aquí (hay dos o tres casas rurales pequeñas en alquiler), vas a tener noches con un silencio absoluto y mañanas con cantos de gallos y olor a pan recién hecho. Es la otra cara de Folegandros, la que la salva de convertirse en otra Santorini, y la que más nos enamora cada vez que volvemos.
Si te apetece profundizar en la vida rural cicládica, consulta también nuestra guía de la gastronomía griega donde explicamos cómo identificar tabernas auténticas en cualquier isla.