La Chora de Folegandros es uno de esos pueblos que pierden algo cuando se describen con palabras. Es pequeña, blanca, está literalmente colgada en el borde de un acantilado de 200 metros sobre el mar Egeo, y tiene esa mezcla precisa de belleza salvaje y vida cotidiana que solo encuentras en las islas griegas remotas. La pregunta más común que nos hacen es si merece dedicarle más de una tarde. La respuesta es sí: vas a querer volver cada noche durante toda la estancia.

El pueblo está organizado en torno a tres plazas conectadas entre sí por callejuelas peatonales. La plaza Kontarini, la primera que encuentras al llegar desde la carretera, es la zona comercial: panaderías, mini-mercados, un par de tiendas de artesanía local. La plaza Pounta, en el centro, es donde está el corazón gastronómico, con tabernas con mesas afuera bajo enredaderas de buganvilla. Y la plaza Piatsa, la última, es donde el pueblo se asoma al precipicio: bares con vistas al Egeo, música en vivo en algunos durante el verano, y ese momento mágico del atardecer cuando todo el mundo se queda en silencio mirando al horizonte.

La parte más antigua del pueblo es el Kastro, una fortaleza medieval del siglo XIII construida por los venecianos. Aquí las casas no están al lado de las murallas: las casas son las murallas. Las fachadas exteriores están pegadas unas a otras formando un anillo defensivo continuo. Por dentro, las viviendas siguen habitadas, y caminar por sus callejones de medio metro de ancho es como adentrarse en un set de cine. Las puertas de madera pintadas de azul, las macetas con albahaca y geranios, los gatos durmiendo al sol y de vez en cuando una abuela sentada en la puerta tejiendo: todo eso es real, no es performance turística.

Una preocupación habitual es el ruido nocturno. La Chora tiene vida nocturna, sí, pero es muy contenida. Los bares cierran a las dos o tres como mucho, no hay discotecas, y la música nunca pasa de cierto volumen. Si te alojas dentro del pueblo, vas a escuchar conversaciones en la plaza hasta tarde en julio y agosto. Pero no es ese ruido salvaje de Mykonos. Es ruido de gente cenando y riendo. Para los más sensibles al sonido, recomendamos alojarse en la parte alta de la Chora, cerca de la subida a la Panagia, donde ya casi no se oye nada.

Para perderse en la Chora con tiempo lo ideal es ir al final de la tarde, cuando bajan las temperaturas. Empieza por una taberna en la plaza Pounta, prueba la matsata (la pasta a mano local, normalmente servida con conejo o cabra) y un par de copas de Asyrtiko bien frío. Después sube despacio por las calles del Kastro, deja que se haga de noche y vete a uno de los bares pequeños de la plaza Piatsa. El Astarti, el Greco y el Laoumi son los favoritos de los habituales. Música en directo en algunos, vermús buenos, y ambiente local mezclado con visitantes.

Otra opción muy recomendable es desayunar en Pounta. Es un restaurante regentado por una pareja dano-griega, con un jardín interior precioso y desayunos que rompen con el típico café griego: yogur con frutos secos, huevos con espinacas, pasteles caseros. Los precios son razonables para la calidad. Lo encontrarás en la plaza Pounta, mismo nombre que la plaza.

La Chora es también el punto de partida natural para subir a la iglesia de la Panagia, la postal de Folegandros. El sendero arranca al final del pueblo, bien señalizado, y sube zigzagueando por la ladera del acantilado durante unos quince o veinte minutos. Si vas al atardecer, vas a coincidir con bastante gente, pero el espacio es amplio y hay sitio de sobra para sentarse y disfrutar. Otra ruta corta interesante sale desde la Chora hacia Ano Meria, recorriendo el paisaje rural del norte de la isla.

Lo que más nos gusta de la Chora es que sigue siendo un pueblo vivo. Las panaderías abren a las seis de la mañana, la gente local hace sus compras, los niños juegan en las plazas hasta tarde. No es un decorado vacío como pasa en otras Choras que se han vendido entero al turismo. Aquí todavía hay vida real entre las visitas, y eso se nota en cada detalle. Es exactamente lo que viniste a buscar.