Llegar a la Chora de Kimolos al final de la tarde y entrar por la puerta sur del kastro es una de esas pequeñas epifanías que justifican el viaje entero. La calle es tan estrecha que dos personas casi no se cruzan, las casas están encaladas hasta arriba con el azul cobalto exacto de los dinteles, y al fondo se oye un gato peleándose con otro gato y una vecina llamándolo en bajito para que pare. No hay un alma con cámara. La Chora se vive, no se visita: es la diferencia esencial entre este pueblo y el resto de Choras famosas de las Cícladas.
Qué es exactamente un kastro residencial
La Chora de Kimolos es un kastro de doble anillo, un sistema defensivo medieval donde las paredes exteriores de las casas son la propia muralla del pueblo. Se construyó en el siglo XIV bajo el dominio veneciano de Marco Sanudo, y se diseñó así para resistir el constante asedio pirata: los corsarios podían atacar el puerto, pero llegar a Chorio significaba enfrentarse a un fortín continuo sin entradas evidentes.
El kastro tiene dos anillos concéntricos. El Messa Kastro (Interior) es el núcleo original, un cuadrilátero de casas pegadas unas a otras con ventanas estrechísimas (aspilleras, para tirar flechas) y una sola puerta de acceso. El Exo Kastro (Exterior) es la ampliación del siglo XVI: otro anillo de casas alrededor del primero, con tres puertas llamadas portares. Lo extraordinario es que la gente sigue viviendo en las dos. Vas a ver tiestos con albahaca colgados de los muros defensivos del siglo XIV, ropa tendida entre dos aspilleras, y un buzón pegado con celofán a una piedra de medio milenio.
El paseo recomendado
Entra por el sur (donde para el bus) y déjate llevar por las callejuelas sin un orden particular: el pueblo es tan pequeño que vas a salir por algún lado tarde o temprano. Apunta estos puntos:
- Iglesia de Panagia Odigitria (1592). Iglesia metropolitana del pueblo, blanca por fuera y profusamente decorada por dentro con iconostasio de madera tallada del XVII. Si la puerta está abierta, entra sin hacer ruido.
- Iglesia de Evangelistria (1608). Más pequeña, escondida en una esquina del kastro interior. La cúpula azul se ve desde casi todas las callejuelas.
- Plaza central. Cuatro mesas, un par de árboles, dos kafenia donde los abuelos juegan al távli (backgammon) por las tardes. Es el sitio para tomar un café griego.
- Museo Folclórico y Marítimo. Dentro del Kastro, en una casa del XVIII, expone la colección personal del médico del pueblo, el Dr. Manolis Christoulakis. Pequeño, encantador, 3 € de entrada. Imprescindible si te interesa la cultura local.
Más allá del kastro, el pueblo se extiende en barrios encalados que datan de los siglos XVIII y XIX, con casas más grandes y patios visibles. Sigue las indicaciones a la iglesia de Agios Nikolaos (XVII): la subida ofrece la mejor vista panorámica del pueblo, con el mar y Milos al fondo.
Dónde comer
Hay seis o siete tabernas en el pueblo. Las dos de la plaza central son las clásicas (cocina familiar, precios bajos, sin pretensiones). Para la ladenia (la focaccia local con tomate, cebolla y aceite, cocida en horno de leña) pregunta en cualquier panadería: la mejor sale de la fournos de la esquina noreste del kastro, abierta desde las seis de la mañana.
Información práctica
- Cómo llegar: bus desde Psathi (2 km, coincide con la llegada de cada ferry, 1,80 € por trayecto). A pie son 30 minutos en cuesta moderada.
- Aparcamiento: si vienes en coche o scooter, hay una plaza en el exterior del kastro. Dentro del pueblo no puedes entrar con vehículo.
- Mejor hora para visitar: 18:00-20:00 en verano. La luz dorada baña los muros encalados y la temperatura ya es soportable.
- Tiempo necesario: 1,5-2 horas con el museo incluido.
Para combinar con otros imprescindibles de la isla, planifica caminar después por el sendero a Skiadi, o bajar a la cercana playa de Aliki para cerrar el día con un baño.