A diferencia de los kastros venecianos de Naxos o Sifnos, donde el castillo se ha convertido en zona museizada o turística, el Kastro de Chorio en Kimolos sigue siendo, literalmente, el pueblo. Las paredes defensivas son las propias casas, los vecinos viven dentro, las ventanas estrechas medievales tienen tiestos de albahaca y las puertas son las del señor de la limpieza y la jubilada del tercero. Es la diferencia esencial: aquí no se "visita" el castillo, se camina por dentro.

La historia corta

Marco Sanudo, el veneciano que se autoproclamó Duque del Archipiélago en 1207 conquistando Naxos con cuatro barcos, extendió su dominio por las Cícladas durante el siglo XIII. Sus descendientes y los sucesivos señores venecianos llegaron a Kimolos a principios del XIV y se encontraron con un problema: la isla era atacada constantemente por piratas berberiscos y otomanos. La solución fue construir un sistema defensivo radical: un kastro donde no hay murallas separadas de las casas, sino casas que SON la muralla.

El diseño es brillante en su simplicidad:

  • Messa Kastro (Interior). Un cuadrilátero perfecto de casas pegadas espalda contra espalda. Las paredes exteriores no tienen ventanas a la altura de la calle, solo aspilleras altas. Una sola puerta de entrada, defendible por dos hombres.
  • Exo Kastro (Exterior). Anillo añadido en el siglo XVI cuando la población creció. Mismo principio defensivo, tres puertas (portares), casas más amplias.

Lo que hace único este kastro frente a otros similares de las Cícladas es que nunca se abandonó. Naxos vio su kastro vaciarse en el XIX. El de Sifnos sufrió incendios y reformas masivas. El de Kimolos pasó por terremotos y guerras pero conservó su población. Hoy viven unas 300-400 personas dentro de las murallas. Es vida cotidiana sobre piedra del XIV.

Lo que vas a ver

Entra por la puerta sur, la más usada (junto a la plaza central). Apunta:

  • Las aspilleras. Verás ventanas estrechísimas y altas en las paredes exteriores, originalmente para arqueros y, después, para mosqueteros. Algunas casas modernas las han ampliado pero la mayoría las conserva.
  • Los pasajes cubiertos. Hay varios túneles abovedados (los stegasti) que conectan calles y patios. Algunos están a tres metros bajo nivel de calle.
  • Las casas-puente. Donde el callejón era demasiado estrecho, los vecinos construyeron habitaciones encima del paso. Caminas literalmente bajo el salón de alguien.
  • Iglesias dentro del kastro: la Evangelistria (1608) y un par de capillas familiares minúsculas embutidas entre casas.
  • El Museo Folclórico y Marítimo. Dentro del kastro, en una casa rehabilitada del XVIII. Ver entrada propia.

Reglas no escritas

El kastro es un pueblo, no un parque temático. Algunas pautas que los locales agradecen:

  1. Voz baja. Las callejuelas tienen 1,5 metros de ancho y eco. Lo que tú dices en una esquina, lo oye el vecino tres puertas más allá.
  2. No entrar en patios privados. Si una puerta está abierta no es invitación: es ventilación.
  3. No fotografiar gente sin permiso. Las abuelas en sus sillas no son atrezo. Pregúntalas con un "kalimera", sonríe, y si dicen sí, sí. Si no, no.
  4. No pegar la mano en las paredes encaladas. El blanco se mancha y los vecinos repintan a mano.

Información práctica

  • Acceso: gratuito 24 horas. No hay puertas que cierren.
  • Tiempo: 30-45 minutos suficientes para el paseo. Si añades el Museo Folclórico, 1,5 horas.
  • Mejor hora: primera hora de la mañana (luz suave, gatos por todas partes) o el atardecer (mejor luz para fotografía).
  • Aparcamiento: fuera del pueblo, en la zona sur. Dentro no entras con vehículo.

Para complementar la visita, recorre la Chora completa por fuera del kastro, donde el pueblo se extiende en barrios encalados del XVIII y XIX. Y si te interesa la historia naval y la vida de los pescadores, completa el día en Goupa, el puerto natural a 4 km de aquí.