Al que llega esperando cúpulas azules sobre casas blancas cúbicas, la capital de Lefkada le sorprende de entrada. Aquí no hay estética cicládica: la ciudad es baja (dos o tres plantas máximo), con edificios de madera y chapa metálica pintada en colores pastel, muchos de ellos apuntalados con vigas visibles como si estuvieran a medio construir. No es un descuido: es arquitectura antisísmica.

El terremoto de 1948 arrasó buena parte de la isla, y desde entonces el código de construcción local exige estructuras ligeras y flexibles. Las plantas altas son de madera para amortiguar el temblor y las chapas metálicas exteriores protegen del salitre. Cuando sopla el viento, los edificios crujen. Y cuando hay un terremoto menor (algo relativamente frecuente aquí), simplemente vibran sin caerse. Ha funcionado durante casi ochenta años.

La calle Dörpfeld (llamada así por el arqueólogo alemán obsesionado con la isla) es la arteria comercial peatonal. La recorren por igual turistas y locales, con tiendas de recuerdos, joyerías, y algún café tradicional donde te sirven galaktoboureko y frappé por 4 €. Al final desemboca en la Plaza Agiou Spyridonos, con una iglesia bizantina del siglo XVII y una fuente donde se sientan los mayores del pueblo a mirar pasar la vida.

Al oeste del casco antiguo está el castillo veneciano de Santa Maura, en un islote conectado a la ciudad por un puente. Es el primer edificio que ves al entrar en Lefkada desde el continente y merece una parada de al menos una hora: subes a las murallas, ves los diques y el laberinto de agua del puerto, y entiendes por qué durante 400 años esta fue una de las plazas fuertes venecianas más disputadas del Egeo. La entrada es gratuita.

Pain point del viajero: el paseo marítimo de Lefkada Town no es tan bonito como el de Ítaca o el de Corfú; es funcional, con mucho tráfico y algo caótico. Lo interesante está en el interior del casco antiguo, en las calles paralelas a Dörpfeld. Reserva las tardes para caminar sin GPS y descubrir las casas de estructura mixta veneciana-otomana escondidas entre las modernas.

En cuanto a comida, tres direcciones probadas: Frini Sto Molo en el paseo (pescado fresco, precio medio), Ey Zin en el interior (mezze creativos), y Karaboyas cerca del castillo (grill tradicional). Para el desayuno o la merienda, la pastelería Stavrakas Sweets en Ag. Mina Square es institución local desde hace más de un siglo: pide un semifreddo o un baklava.

Como base de operaciones para explorar la isla, Lefkada Town tiene ventajas y desventajas. La ventaja: hay de todo (supermercados 24h, farmacias, alquiler de coches, autobuses KTEL, hospital). La desventaja: para llegar a las playas de la costa oeste tienes que conducir 30-45 minutos, mientras que si te alojas en Agios Nikitas o en Kalamitsi las tienes a 15. Por eso muchos viajeros hacen mitad y mitad: dos noches en la capital para conocer la vida cotidiana, y tres noches más cerca del mar.

Vale la pena una escapada de tarde al monasterio de Faneromeni, a 4 km de la ciudad: subida en coche por una carretera con vistas, monasterio serenísimo del siglo XVII, y un mirador panorámico sobre toda la ciudad y el continente al fondo. Combinado con una cena en Tsoukalades, es una excelente primera noche en la isla.

Si te interesa el patrimonio literario, el poeta griego Angelos Sikelianos nació aquí en 1884 y su casa natal está convertida en un pequeño museo con manuscritos originales y objetos personales. Combínalo con el Museo Arqueológico al oeste del centro para una mañana de cultura antes de bajar a la playa.

Y una última recomendación: pasa al menos una noche en el paseo hasta las 11. A esa hora las familias locales salen a caminar con sus abuelos y niños, los bares abren sus terrazas, y descubres que Lefkada Town, más que una ciudad turística, es una ciudad de provincias griega que sigue funcionando como comunidad. Esa autenticidad es cada vez más rara en las islas jónicas.