El Museo Arqueológico de Naxos tiene una ventaja que ningún otro museo de las Cícladas puede igualar: el edificio. Está instalado en la antigua Escuela Comercial Francesa, dentro del Kastro veneciano, una construcción del siglo XVII fundada por jesuitas donde estudiaron durante siglos alumnos ortodoxos y católicos por igual.
Su exalumno más famoso fue Nikos Kazantzakis, el escritor cretense de Zorba el griego y La última tentación de Cristo, que contó su paso por Naxos en Informe al Greco. Subes las escaleras de piedra pensando en eso y ya tienes la mitad de la visita ganada.
Lo que de verdad merece la pena ver
La colección cubre desde el neolítico hasta la época romana, pero el corazón del museo son las figuras cicládicas, y ahí está el motivo real para entrar.
Son esas estatuillas de mármol blanco, esquemáticas, de brazos cruzados sobre el pecho y cara plana con solo la nariz marcada, que se hicieron en las Cícladas hace unos cinco mil años y que influyeron directamente en la escultura moderna: Brancusi, Modigliani y Picasso las estudiaron. Naxos tiene una de las mejores colecciones del mundo, en parte porque las excavaciones de la isla y de las Pequeñas Cícladas cercanas han sido especialmente ricas.
Verlas de cerca cambia la percepción. En fotografía parecen simples. En vivo se aprecia el pulido del mármol, las proporciones sorprendentemente sofisticadas y los restos de pigmento que en su día pintaban ojos y detalles que hoy no se ven.
Además hay cerámica micénica, un conjunto notable de vasijas geométricas, esculturas de época arcaica y clásica (recuerda que Naxos fue el gran centro escultórico del mundo griego, de donde salieron los kouros que siguen tumbados en las canteras de Melanes y Apollonas), y un mosaico romano en el patio.
Merece el desvío, con condiciones
Seamos honestos. Si has visto el Museo de Arte Cicládico de Atenas, este te va a parecer modesto en tamaño y en museografía. La colección es de primer nivel pero la presentación es la de un museo provincial griego clásico: vitrinas antiguas, iluminación funcional, cartelería desigual.
La señalización está en griego e inglés, no en español, y algunos paneles son escuetos. Si te interesa el contexto, merece la pena leer algo antes de entrar o llevar audioguía descargada, porque el museo no te lo va a explicar todo.
Tiempo necesario: entre cuarenta minutos y una hora. Si vas con prisa, media hora y directo a la sala de las figuras cicládicas.
Con niños: es un museo pequeño y llevadero, sin salas interminables, y las figuras suelen gustar porque son raras. No hay actividades infantiles.
Práctico y el error habitual
La entrada cuesta alrededor de 4 euros, con reducida a 2 y gratuidad para menores de la Unión Europea, estudiantes con carné y varios días señalados del calendario del Ministerio de Cultura griego.
El horario es el problema. En temporada baja el museo abre solo por la mañana, de ocho y media a tres y media, y cierra los lunes. En verano suele ampliar por las tardes, pero conviene comprobarlo el mismo día porque los horarios de los museos griegos pequeños cambian según personal disponible.
El error clásico: subir al Kastro al atardecer, que es la mejor hora para pasear el laberinto, y encontrarse el museo cerrado. Nuestra recomendación es hacer el museo por la mañana temprano y volver al Kastro a la puesta de sol para el paseo.
Encontrar la puerta también tiene su gracia. Está dentro del recinto amurallado, en la parte alta, y la señalización es discreta. Si te pierdes entre los callejones, sube siempre y pregunta: en el Kastro todo el mundo sabe dónde está.
Cómo combinarlo
La combinación natural es una mañana de Chora completa: museo arqueológico, paseo por el Kastro, catedral católica, museo veneciano Della Rocca-Barozzi si te gustan las casas históricas, y bajada al mercado para comprar queso graviera y miel.
Si te has quedado con ganas de arqueología, el complemento perfecto es el Templo de Deméter en el valle de Gyroula, a veinte minutos en coche, que tiene su propio museo de sitio pequeño con reconstrucciones excelentes. Los dos juntos dan una idea bastante completa de por qué Naxos fue importante mucho antes de que existieran los ferries.