El monte Zas mide 1.004 metros y es el punto más alto de todas las Cícladas. Eso significa que desde arriba, en un día claro, se ven Paros, Íos, Amorgos, Santorini a lo lejos y prácticamente todas las Pequeñas Cícladas desmigajándose hacia el sur. No hay otro sitio en el archipiélago donde puedas abarcar tanto de una vez.
También significa que hay que subirlo, y eso es lo que casi nadie te cuenta con la honestidad suficiente.
La subida, sin marketing
Hay dos rutas principales y una diferencia importante entre ellas.
La primera sale de la capilla de Agia Marina, en la carretera que va de Filoti hacia Danakos. Es la opción más sencilla y la más popular. Es el sendero señalizado número 2, sube unos 400 metros de desnivel y se hace en una hora y cuarto o una hora y media hasta la cumbre. El terreno es pedregoso pero el trazado está claro y hay hitos de piedra.
La segunda sale de Filoti pueblo, pasa por la fuente y sube por la cueva de Zas. Es más larga (unas dos horas), más empinada, con tramos de roca suelta que obligan a mirar dónde pisas. La recompensa es la cueva: una cavidad grande y oscura donde, según el mito, la ninfa Amaltea crió a Zeus escondido de su padre Cronos. No hay iluminación, así que si quieres entrar necesitas linterna de verdad, la del móvil se queda corta.
La combinación que nos parece mejor: subir por Agia Marina y bajar por la cueva y Filoti, o al revés. Así ves las dos caras de la montaña sin repetir camino.
Sobre dificultad, siendo claros: no es alpinismo, pero tampoco es un paseo. Necesitas calzado con suela agarrada (las zapatillas de lona resbalan en la roca pulida), litro y medio de agua por persona como mínimo, gorra y protección solar. No hay ni una sombra en toda la subida y no hay fuentes en el camino. En julio y agosto sube antes de las nueve de la mañana o después de las cinco de la tarde, nunca a mediodía.
La cumbre está marcada con un mojón y una pequeña estructura de piedra. Suele hacer viento fuerte arriba, incluso en verano, así que lleva algo de manga larga aunque abajo estés en camiseta.
Los kouros: gigantes tumbados entre olivos
En la misma línea de "cosas de Naxos que no cuestan nada y no tienen cola" están los kouros, y son de lo más raro y memorable que se puede ver en Grecia.
Naxos fue el gran centro de escultura del mundo griego arcaico en los siglos VII y VI antes de Cristo. De sus canteras salió el mármol de media Cícladas, incluidos los leones de Delos. Los talleres esculpían las figuras directamente en la cantera, para transportarlas ya desbastadas, y en tres ocasiones algo salió mal: apareció una grieta, cambió el encargo, cayó el cliente. Las estatuas se quedaron ahí, a medio tallar, tumbadas de espaldas mirando al cielo.
Y ahí siguen, dos mil seiscientos años después.
El kouros de Melanes, también llamado de Flerio, es el más accesible: siete metros de largo, tumbado en un huerto de olivos y limoneros a unos ocho kilómetros de Chora. Se llega en coche hasta muy cerca y luego hay cinco minutos de sendero. Es gratis, está siempre abierto, y suele haber cuatro personas como mucho. Hay un segundo kouros a unos cientos de metros del primero.
El kouros de Apollonas, en el extremo norte de la isla, es el gigante: más de diez metros de longitud, todavía unido a la roca de la cantera, con la barba visible. Está pensado como figura de Dioniso. Requiere el viaje hasta Apollonas, unos 50 kilómetros de Chora por carretera de costa, y es una excursión de medio día que se combina bien con una comida de pescado en el puerto pesquero del pueblo.
Lo que se te queda de los kouros no es la escultura, que está sin acabar, sino la escala y el abandono. Estás mirando un encargo interrumpido en el siglo VI antes de Cristo, exactamente donde lo dejaron.
Cómo organizar el día
Si vas a hacer el Zas, dedícale la mañana entera y ten claro que después no vas a querer conducir hasta la otra punta de la isla. La combinación lógica es: subida temprana, comida en Filoti, y por la tarde algo tranquilo como el valle de Tragea y Halki o directamente una playa.
Si prefieres montaña sin esfuerzo, hay una alternativa muy digna: los senderos del valle de Tragea, casi llanos, entre olivos e iglesias bizantinas. En Naxos hay más de veinte rutas señalizadas y no todas piden piernas.
Para los kouros, el de Melanes se hace en un par de horas desde Chora y encaja como complemento de cualquier plan. El de Apollonas necesita medio día propio, y merece la pena si te sobra un día en la isla o si quieres ver la costa norte, que es la más solitaria y la menos fotografiada de Naxos.
Y si no te apetece organizarlo tú, hay guías locales que hacen el Zas en grupo pequeño con transporte incluido, algo que resuelve el problema de dejar el coche en un punto y bajar por otro.