Hay un momento exacto, subiendo desde Sangri hacia el interior, en el que la carretera dobla una curva y el paisaje deja de parecer Cícladas. Desaparece el azul, desaparece el blanco, y aparece un valle entero cubierto de olivos centenarios con muros de piedra seca y campanarios asomando entre las ramas. Es el valle de Tragea, y Halki es su corazón.
Nos costó creer que estábamos a veinte minutos en coche de una playa con hamacas. Aquí huele a hierba seca y a olivo, se oyen cabras, y a la hora de comer no hay nadie en la calle porque todo el mundo está dentro.
Un pueblo que fue capital
Halki fue la capital del interior de Naxos hasta bien entrado el siglo XX, y se nota en la arquitectura. Aquí no hay las casas cúbicas encaladas del cliché cíclada, sino mansiones neoclásicas de dos y tres alturas, con balcones de hierro forjado, dinteles de mármol tallado y colores pastel descoloridos. Muchas pertenecieron a las familias venecianas y griegas que controlaban el comercio del aceite y el cítron.
La más visible es la torre Barozzi-Grazia, una casa fortificada veneciana en pleno centro del pueblo. En la plaza está también la iglesia de Panagia Protothronos, que merece la parada aunque no seas de entrar en iglesias: los primeros frescos son del siglo VII, fue renovada en 1052 y tiene capas decorativas superpuestas de varios siglos, algunas visibles a la vez donde el yeso se ha desprendido.
La destilería de kitron
El kitron es el licor de Naxos y no se hace en ningún otro sitio del mundo. Sale del cítron, una fruta que parece un limón enorme y deformado, incomible en crudo, cuya hoja y cuya corteza se destilan para hacer un licor entre dulce y herbáceo.
La destilería Vallindras está en pleno Halki y funciona desde 1896. La visita es corta, quince minutos, gratuita en la práctica (te la hace un miembro de la familia) y acaba en una cata de las tres variedades: verde (la más fuerte, unos 36 grados), amarilla (media) y blanca (la más suave y dulce). Los alambiques de cobre son los originales y siguen en uso.
Una advertencia honesta: el kitron no gusta a todo el mundo. Es dulce, aromático y bastante particular. Prueba antes de comprar la botella, y si te convence, la verde es la que aguanta mejor el viaje de vuelta.
Qué más hay alrededor
Halki funciona como base para el resto del valle. A un par de kilómetros, junto a la carretera hacia Moni, está Panagia Drosiani, la iglesia más antigua de Naxos y una de las más importantes de Grecia: construida entre los siglos IV y XII, con frescos del siglo V todavía discernibles pese al deterioro. Durante la ocupación otomana, monjes y monjas enseñaban griego a escondidas en sus capillas más oscuras. Suele estar abierta por la mañana y la entrada es gratuita con voluntad.
Desde Halki también arrancan varios de los senderos señalizados de la isla, que cruzan el valle entre olivares y capillas. Son caminos antiguos empedrados, llanos o de pendiente suave, muy distintos del esfuerzo que pide el monte Zas.
Y hacia el sur, a diez minutos, está el Templo de Deméter, el yacimiento arqueológico más bonito de la isla.
Práctico: horarios, comida y coche
El asunto de los horarios es crítico aquí y arruina muchas visitas. Los pueblos del interior de Naxos cierran a mediodía, de dos a cinco y media aproximadamente. Si llegas a Halki a las tres de la tarde en agosto vas a encontrar las persianas bajadas, la destilería cerrada y las calles vacías. Ve por la mañana, entre nueve y una y media, o a partir de las seis de la tarde.
Sobre comer, seremos claros: los restaurantes de Halki son correctos pero no memorables, orientados al visitante de paso. Donde sí merece la pena parar es en la pastelería del pueblo, que hace el mejor galaktoboureko de Naxos, un pastel de sémola y hojaldre con almíbar que aquí bordan. Y hay una tienda de cerámica y arte local, Fish & Olive, que vende piezas hechas en el propio valle.
En cuanto al transporte, hay autobús desde Chora varias veces al día y funciona, pero te ata a horarios rígidos y el interior de Naxos pide libertad. Nuestra recomendación es hacer todo el circuito del interior en un día con coche: Sangri, el Templo de Deméter, Halki, Panagia Drosiani, Filoti y Apeiranthos. Son seis u ocho horas con paradas y es el mejor día que se puede pasar en Naxos si te interesa algo más que la playa.
Aparcar en Halki es fácil, hay explanada a la entrada del pueblo. No intentes meter el coche por las calles interiores, son de un carro de bueyes de ancho.