Si solo tienes tiempo para una excursión al interior de Naxos, que sea esta. Filoti y Apeiranthos están a siete kilómetros uno de otro por una carretera de curvas que sube hasta los 600 metros, y entre los dos resumen lo que hace distinta a esta isla del resto de las Cícladas: aquí la montaña no es un decorado, es donde vive la gente.

Filoti, el pueblo anfiteatro

Filoti es el pueblo más grande del interior de Naxos, con unos dos mil habitantes, y está literalmente desparramado por la ladera del monte Zas en forma de anfiteatro. Desde la carretera de abajo se ve como una mancha blanca escalonada entre bancales de piedra y olivos.

Todas las calles de Filoti son empinadas. Todas. Hay escaleras de piedra que suben y bajan entre casas, callejones que se doblan, patios con macetas y algún burro atado a una puerta. No hay monumentos que visitar, y ese es exactamente el atractivo: caminas sin rumbo, saludas a la gente sentada en la puerta, y en algún momento te das cuenta de que llevas hora y media sin mirar el móvil.

El único sitio que no conviene perderse es la iglesia de Panagia Filotitissa, con su campanario de mármol tallado, blanca hasta doler los ojos. En la Grecia rural funciona una costumbre que a nosotros nos sorprendió: si la iglesia está cerrada y hay alguien por allí, es probable que aparezca una señora con una llave enorme y te la abra sin que se lo pidas. Ha pasado suficientes veces como para que la contemos.

La plaza de Filoti, a la sombra de un plátano centenario, es el centro de la vida del pueblo y el sitio para tomar un café griego o una raki. Al lado arranca el sendero señalizado número 2, que sube hasta la cumbre del Zas por la capilla de Agia Marina en unas dos horas.

Apeiranthos, el pueblo de mármol

Siete kilómetros al norte, y unos doscientos metros más arriba, está Apeiranthos, y es un pueblo distinto a cualquiera que hayamos visto en Grecia. Está construido íntegramente en mármol local: las calles, las escaleras, los dinteles, los bancos, las fachadas. No hay encalado. Todo es piedra gris veteada, y de lejos parece que el pueblo forme parte de la montaña.

Su nombre significa "muchas flores" en griego, aunque el apodo local es "el pueblo de mármol". Fue poblado en el siglo XVII por refugiados cretenses, y de ahí viene una particularidad que se sigue notando: en Apeiranthos se habla un dialecto propio con rasgos cretenses que los demás naxiotas identifican al instante.

Otra cosa que llama la atención es la desproporción intelectual del pueblo. Para mil habitantes, Apeiranthos ha dado una cantidad absurda de escritores, arqueólogos y políticos, incluido Manolis Glezos, el hombre que en 1941 arrancó la bandera nazi de la Acrópolis y que fue diputado hasta pasados los noventa años. Hay cuatro pequeños museos en el pueblo, entre ellos uno arqueológico y uno de geología, que abren con horarios muy variables.

Cómo hacer la ruta bien

El error más común es hacer esto con prisa, en dos horas, de camino a otra parte. No funciona: estos pueblos son de caminar despacio y sentarse.

Nuestro plan recomendado, con coche, sale de Chora a las nueve de la mañana: Halki y el valle de Tragea primero, Filoti a media mañana con parada larga, comida ligera, y Apeiranthos a partir de las cinco de la tarde cuando reabre todo y la luz es buena. Vuelta a Chora sobre las ocho, con opción de bajar por la costa este vía Moutsouna si quieres carretera solitaria y vistas.

Advertencia sobre la comida: en las guías se repite que en Apeiranthos no se come especialmente bien, y coincidimos. Es un pueblo para café, dulce y paseo. Para comer de verdad, Filoti tiene tabernas familiares honestas alrededor de la plaza donde el cabrito al horno y el queso local son excelentes.

Sobre la conducción, sin dramatizar pero para que lo sepas: la carretera Filoti-Apeiranthos es estrecha, con curvas cerradas y sin quitamiedos en algunos tramos. Está bien asfaltada y no es peligrosa a velocidad razonable, pero si conduces con poca confianza en montaña te vas a agarrar al volante. En moto hay que contar con viento fuerte en las zonas expuestas.

Los autobuses desde Chora a Filoti y Apeiranthos existen y son frecuentes en verano, unos cuatro o cinco al día. Es perfectamente viable sin coche, solo tienes que mirar el horario de vuelta antes de subir, y recordar que en Naxos el billete se compra antes de montar, nunca dentro del bus.

Llévate algo de abrigo aunque sea agosto. A 600 metros y con meltemi, al atardecer se está fresco de verdad, y todo el mundo sube en camiseta de playa.