Hay monumentos que ganan con la explicación y otros que funcionan antes de saber nada. La Portara es del segundo tipo. Llegas al puerto de Naxos, miras a la izquierda, y ahí está: un marco de mármol de seis metros de alto sobre un islote pelado, sin templo detrás, sin muros, sin nada. Solo la puerta y el cielo.

La primera vez la vimos desde la cubierta del ferry, a las siete y media de la tarde, con el sol justo detrás. Media docena de personas subiendo por la lengua de tierra, siluetas negras contra un cielo naranja. Entendimos inmediatamente por qué es la imagen de la isla.

Qué estás viendo exactamente

Corría el año 530 antes de Cristo. Lygdamis, tirano de Naxos, decidió que su isla merecía el templo más grande de Grecia y lo empezó en el islote de Palatia, justo enfrente del puerto. El proyecto era colosal, unos treinta metros de largo, con la puerta principal orientada hacia Delos, la isla sagrada donde nació Apolo. Ese detalle de la orientación es la razón por la que se cree que el templo estaba dedicado a él.

Nunca se terminó. Estalló la guerra con Samos, Lygdamis fue derrocado y las obras se detuvieron. Durante los siglos siguientes el mármol del templo se fue reciclando pieza a pieza para construir el Kastro veneciano de Chora, que puedes ver desde aquí mismo. Todo se lo llevaron menos la puerta, porque los bloques del dintel pesan alrededor de veinte toneladas cada uno y nadie encontró la manera de moverlos.

Es decir, la Portara sigue en pie por pura pereza logística. Nos parece la mejor historia de conservación patrimonial de las Cícladas.

Cómo llegar y cuánto tiempo dedicarle

Se va andando desde el puerto en diez minutos y es gratis, sin horarios ni valla. Sales del muelle de ferries hacia el norte, bordeas la playa pequeña de Grotta y cruzas por la lengua de piedra que une el islote con la isla. El último tramo es roca irregular y desnivelada.

Aquí van los puntos que conviene saber antes de ir, porque nadie los advierte.

El camino final es de piedra viva, con zonas resbaladizas por el salitre. No es apto para silla de ruedas y con carrito de bebé es incómodo. Con niños que ya andan no hay problema, pero vigílalos porque no hay barandillas en los bordes.

Con oleaje del oeste, las olas rompen sobre la lengua de tierra y te mojas de verdad. No es peligroso pero sí molesto: si el mar está movido y vas con cámara, mejor otro día o a otra hora.

La visita en sí son quince o veinte minutos si vas de paso. Si te quedas al atardecer, cuenta una hora larga, y llega con cuarenta minutos de margen porque en agosto hay bastante gente y todos quieren la misma foto.

El truco del atardecer

Todo el mundo va a la puesta de sol y por eso mismo hay dos maneras de hacerlo. La convencional, subir al islote y esperar el momento en que el sol se cuela por el marco. Funciona, es bonito, y estás acompañado por otras cincuenta personas.

La alternativa que nos gustó más: quedarse abajo, en las rocas del lado sur del islote, o incluso en la terraza de uno de los bares del paseo de Chora. Desde allí ves la Portara completa recortada contra el sol en vez de estar dentro de ella. La foto es mejor y tienes sitio para sentarte.

Y una tercera opción para madrugadores, el amanecer. La luz viene por detrás, del interior de la isla, y el mármol se pone dorado. Estarás solo, salvo por algún pescador. Es el momento en que la Portara se parece más a lo que debió ser.

El detalle que se pierde casi todo el mundo

En el islote de Palatia, alrededor de la puerta, quedan los cimientos del templo. Se ven las hileras de bloques marcando la planta, algunos con las muescas de las grapas metálicas que unían las piedras. Si te agachas y sigues la línea con la mirada, entiendes la escala del edificio que se iba a levantar aquí, y de repente la puerta solitaria deja de ser un monumento raro y se convierte en el resto de algo enorme.

Cuentan también que Palatia es el lugar donde Teseo abandonó a Ariadna después de matar al Minotauro en Creta, mientras ella dormía. Dioniso la encontró aquí y se casó con ella. No hay ninguna prueba, claro, pero la historia se cuenta en Naxos desde hace dos mil quinientos años y en la isla se la toman bastante en serio.

Después de la Portara lo natural es meterse en el laberinto del Kastro veneciano que tienes justo enfrente, o bajarse a la playa de Agios Georgios que empieza al otro lado del puerto y es la más cercana a la ciudad.