Kanakia es la razón por la que hay que llevar coche a Salamina. Está en el extremo suroeste, a veinte kilómetros del puerto, y para llegar se cruza un pinar denso por una carretera que va estrechándose hasta que el bosque se abre de golpe sobre la bahía.

Ese último tramo, con los pinos cerrándose sobre el asfalto y el azul apareciendo entre los troncos, es de las cosas que no esperas encontrar a media hora de Atenas.

Cómo es la playa

Una bahía amplia de unos cuatrocientos metros, orientada al suroeste, con el agua abierta al golfo Sarónico. El fondo se ve con claridad a varios metros y el agua está notablemente limpia, muy lejos de lo que la costa norte de la isla te hace temer.

La superficie es mixta: arena gruesa en la parte central, guijarros y cantos rodados en los extremos. Entrando por el centro se camina bien, pero unos escarpines te ahorran maldiciones si te mueves por los laterales.

Detrás de la arena, el pinar. Y ahí está el gran valor de Kanakia: sombra natural de verdad, gratis, a diez metros del agua. En agosto eso vale más que cualquier tumbona.

Pain points: lo que hay que saber

Sombra: hay, y buena, pero es la del pinar. Las tumbonas del chiringuito son limitadas y se acaban temprano en fin de semana. Nuestra recomendación es venir con esterilla y colocarse bajo los pinos, que además es lo que hacen los griegos.

Masificación: entre semana, incluso en julio, la playa está tranquila. Sábados y domingos de agosto se llena de atenienses con casa en la isla y el aparcamiento se satura antes de mediodía. Si puedes elegir, ven un martes.

Accesibilidad: el aparcamiento es de tierra y desde ahí hay un tramo corto y llano hasta la arena. Con carrito de bebé se puede, con silla de ruedas es complicado.

Servicios: hay un chiringuito de temporada que sirve café, bebidas y algo de comer. No cuentes con duchas ni con socorrista permanente. Fuera de julio y agosto puede estar cerrado, así que trae agua.

Viento: al estar orientada al suroeste, con viento del sur entra oleaje. No es peligroso pero puede enturbiar el agua y quitarle gracia. Con meltemi del norte, en cambio, queda protegida y el mar se pone como un plato, que es lo habitual en verano.

Nudismo: no es una playa nudista y en la zona central hay familias. En los extremos rocosos la cosa es más relajada, como en casi toda Grecia.

Cómo llegar de verdad

Con coche desde Aianteio son unos diez kilómetros por carretera de bosque, quince o veinte minutos. Desde Paloukia, unos veinticinco a treinta minutos en total. La carretera está asfaltada y en estado aceptable, con curvas y sin arcén: conduce con calma y atento a los que vienen de frente en las cerradas.

En autobús es posible pero incómodo. Hay línea que llega a la zona sur con pocas frecuencias diarias, y cuando bajas del autobús todavía hay un tramo a pie. Si vienes sin coche, el taxi desde Paloukia ronda los 20 a 25 euros por trayecto, que entre tres o cuatro personas sale a cuenta para pasar el día.

Con qué combinarla

La tarde perfecta en Salamina es Kanakia después de haber hecho el bloque histórico por la mañana. Si quieres alternar arenales, Satirli y Peristeria están en la misma vertiente sur y tienen carácter propio.

Para comer, lo lógico es subir a Aianteio, a quince minutos, donde las tabernas sirven pescado del día a precios que en las Cícladas parecerían un error de imprenta. Y si tu plan es de isla en isla por el Sarónico, Agistri juega en una liga de agua parecida y se combina bien en la misma semana.