Dos calas que casi nadie pisa

El suroeste de Santorini, bajo el cabo de Akrotiri, es la parte de la isla que menos se visita y la que tiene las calas más bonitas. Aquí los acantilados dejan de ser rojos y se vuelven blancos, de piedra pómez y toba volcánica clara, y entre ellos se abren un par de playas pequeñas a las que hay que ganarse el acceso.

White Beach: solo en barco

La Playa Blanca es una cala de unos 120 metros encajada entre paredes de roca clara casi vertical. Se llama así por el color de los acantilados, porque el suelo de la playa es de guijarros grises y negros, como casi todo en esta isla.

La única forma cómoda de llegar es el taxi-boat: unas lanchas pequeñas que salen de la Playa Roja y del puertecito de Akrotiri, tardan cinco minutos y cobran entre 5 y 8 euros el trayecto. Salen cuando se llenan, más o menos cada media hora entre las diez y las cinco de la tarde.

Existe también un sendero desde la Playa Roja, pero atraviesa una zona de desprendimientos y no lo recomendamos. Los acantilados de este tramo de costa se caen con regularidad y hay tramos oficialmente cerrados.

En temporada alta hay un pequeño servicio de tumbonas y un bar mínimo. Fuera de julio y agosto no hay nada: agua, comida y sombrilla, todo de casa.

El agua es cristalina y profunda casi desde la orilla, perfecta para nadar y para hacer snorkel a lo largo de la pared rocosa, donde hay bastante vida.

Mesa Pigadia: la que tiene taberna

Un poco más al oeste, doblando el cabo, está Mesa Pigadia, que es más larga, más ancha y accesible por carretera. Se llega por una pista de tierra desde el pueblo de Akrotiri en unos diez minutos de coche, y el firme es regular pero pasable con un turismo si se va despacio.

Aquí sí hay una taberna de pescado a pie de playa y un beach bar, con lo que se puede pasar el día entero sin llevar nevera. La playa es de guijarro oscuro, con un fondo de acantilados enormes y una serie de cuevas talladas en la roca que los pescadores usaban como garaje de barcas.

El bonus de Mesa Pigadia es una cueva marina de unos 30 metros que se atraviesa nadando de lado a lado. Se hace sin material, con precaución y sin oleaje, y es una de esas cosas que no vienen en ninguna guía general de Santorini.

Sombra, servicios y cuándo venir

La buena noticia: por la tarde, los acantilados proyectan sombra real sobre la arena, algo casi imposible en el resto de las playas de la isla. La mala: por la mañana el sol pega de lleno y no hay dónde meterse.

No hay socorrista en ninguna de las dos. Tampoco hay duchas ni baños públicos en White Beach. Mesa Pigadia depende de la taberna.

No son playas para niños pequeños ni para quien tenga movilidad reducida: el acceso en barca, el guijarro y la falta de servicios lo complican todo.

El plan del día completo por el sur

Nuestro itinerario favorito de la isla es este: entrada temprana al yacimiento de Akrotiri a las ocho de la mañana, cuando abre y está vacío; café en el pueblo; bajada a la Playa Roja sobre las diez y taxi-boat a White Beach; baño y snorkel hasta la hora de comer; y tarde en Mesa Pigadia o en Vlychada, terminando con pescado en el puerto.

Todo eso ocurre en un radio de seis kilómetros y no cuesta ni una décima parte de lo que cuesta un día en la caldera. Es el Santorini que la gente no sabe que existe.