Vlychada: el paisaje más raro de la isla

Si Santorini fuera un plató, Vlychada sería la escena marciana. Esta playa del extremo sur de la isla tiene detrás una pared de piedra pómez blanquecina y gris que el viento y la lluvia han esculpido durante milenios hasta dejarla llena de columnas, cuevas y pliegues. Parece un acantilado derretido. Por eso la llaman muchas veces Moon Beach, la playa de la luna.

La arena es gris oscura, casi negra en la orilla, fina y suelta. La playa se estira más de un kilómetro, con lo que aunque haya coches en el parking siempre encuentras un hueco para ti solo caminando un par de minutos hacia cualquiera de los extremos.

Por qué viene menos gente

Por comodidad, básicamente. Vlychada está lejos de todo: veinte minutos en coche desde Fira, en el vértice sur de la isla, y el autobús público pasa aproximadamente cada tres horas, lo que la deja fuera del radar del turista sin vehículo.

Esa distancia es exactamente su virtud. En pleno agosto, mientras Kamari y Perissa están llenas hasta el borde, aquí la ocupación es cómoda y el ambiente, silencioso.

Sombra, servicios y realidades

Sombra natural: la de los acantilados, y solo a última hora de la tarde, cuando el sol empieza a caer y la pared proyecta una franja fresca sobre la arena. Ese es, de hecho, el mejor momento del día aquí.

Servicios: hay un par de chiringuitos organizados en el tramo central con tumbonas y sombrillas (unos 15 a 20 euros el set) y bar. El resto de la playa está libre. Hay duchas junto al acceso principal y un aparcamiento gratuito grande.

Lo que no hay: socorrista en la mayor parte del año, alquiler de deportes acuáticos, ni un paseo marítimo con veinte restaurantes. Vlychada es playa para llevar agua, algo de comer y pasar el rato.

El agua entra limpia y con poca pendiente en la zona central, aunque hay corrientes cuando sopla fuerte el sur. Presta atención a las banderas de los chiringuitos.

El puerto y las tabernas de pescado

Pegado a la playa está el pequeño puerto pesquero de Vlychada, con su marina de barcos de recreo y, sobre todo, tres o cuatro tabernas de pescado que son de las mejores de Santorini y que tienen precio de pueblo, no de caldera. Pescado del día, ensalada de tomate de la isla, fava, y cuenta de 18 a 25 euros por persona.

En el mismo complejo del puerto está la Santorini Arts Factory, la antigua fábrica de conservas de tomate reconvertida en centro cultural, que alberga el Museo Industrial del Tomate. Es una visita corta, curiosa y con aire acondicionado, perfecta para la hora mala del calor.

Nudismo, familias y perros

La zona sur de la playa, la más alejada del parking, es tradicionalmente tolerante con el nudismo, sin ser una playa nudista declarada. Si buscas discreción, ese es el tramo; si viajas con niños, quédate en la parte central y norte.

Para familias es razonable pero no ideal: no hay socorrista fijo, no hay sombra hasta la tarde y la caminata desde el coche con todo el equipaje playero se hace larga. Con niños pequeños, mejor Kamari.

Los perros son habituales por la zona del puerto y nadie pone mala cara en la playa, aunque no es oficialmente canina.

Cuándo venir

A media tarde, sin ninguna duda. Llega sobre las cinco, ocupa un sitio bajo el acantilado cuando empieza la sombra, báñate con la luz dorada dando de lleno en la piedra pómez, y quédate a cenar pescado en el puerto. Es uno de los planes de tarde-noche más redondos de Santorini y cuesta una fracción de lo que cuesta cualquier cosa en el borde de la caldera.

Si quieres encadenar, la Playa Roja y el yacimiento de Akrotiri quedan a diez minutos en coche hacia el oeste. Un día completo por el sur de la isla: ruinas por la mañana, Playa Roja al mediodía, Vlychada por la tarde.