Hay playas que se explican y playas que hay que ver. Agios Sostis es de las segundas, aunque lo intentaremos: imagina una lengua estrecha de arena que sale de la costa y llega hasta un promontorio rocoso, con una capilla blanca minúscula plantada al final. A ambos lados de esa lengua, mar. Mismo sitio, dos playas.
Eso significa que puedes nadar en el lado que quieras según de dónde sople. Y en Serifos, donde el meltemi de agosto decide tu día, esa es una ventaja enorme: cuando el viento hace imposible una orilla, cruzas veinte metros de arena y la otra está en calma.
La capilla y el istmo
La capilla de Agios Sostis, blanca y diminuta, se levanta sobre el islote al final del istmo. El camino hasta ella es literalmente andar sobre la arena con agua a los dos lados, una sensación rara y divertida que los niños disfrutan especialmente.
Debajo de la capilla, en el lado del promontorio, hay un pequeño muelle de piedra desde el que la gente se tira al agua. El fondo ahí es más profundo y limpio, ideal para saltar, y a los adolescentes de la isla les encanta.
El 6 de septiembre se celebra aquí la fiesta del santo y baja la isla entera. Música, comida, vino local y un ambiente que no tiene nada de turístico. Si tu viaje coincide, no te lo pierdas.
El agua y la arena
El arenal es dorado y fino, más grueso que el de Psili Ammos pero perfectamente cómodo. El agua es de un turquesa muy claro sobre fondo de arena, y en el lado sur entra en pendiente suave.
Hay tamariscos en el arranque de la lengua de arena que ofrecen algo de sombra natural, pero son pocos y pequeños. Esta no es una playa de sombra.
En la ladera de enfrente se ve una construcción moderna llamativa, Ncaved, una casa bioclimática excavada en la roca que ha salido en revistas de arquitectura. Gusta o no gusta, pero llama la atención.
Pain points concretos
Sombra: muy escasa. Los tamariscos del arranque se ocupan a primera hora y en la lengua de arena no hay absolutamente nada. Sombrilla propia obligatoria si vas a estar más de dos horas.
Servicios: cero. No hay chiringuito, ni duchas, ni tumbonas, ni socorrista. Trae agua, comida y todo lo que necesites. Hay una taberna a pocos minutos en la carretera, pero no está a pie de playa.
Tamaño: la playa es pequeña. Con veinte personas ya parece razonablemente ocupada, y en agosto pasa. Ve temprano o a partir de las cinco de la tarde.
Acceso: se aparca arriba y se baja andando unos minutos por un camino de tierra con algo de pendiente. Con carrito de bebé es incómodo y con silla de ruedas no es viable. Calzado cerrado ayuda.
Piedras en la orilla: en algunos tramos del lado norte hay cantos rodados en la entrada al agua. Nada grave, pero unos escarpines evitan sorpresas.
Cuándo ir
A primera hora de la mañana la luz es perfecta para fotos y la playa está vacía. Al final de la tarde hay buen ambiente y el calor afloja.
Evita la franja de 13 a 16 horas en julio y agosto: sin sombra, sin servicios y con la arena ardiendo, no es agradable.
Cómo llegar y qué combinar
Está a unos 3 kilómetros al este de Livadi. En coche son diez minutos por carretera asfaltada más un tramo corto de tierra hasta el aparcamiento. El autobús de verano para cerca, en la carretera principal.
Lo mejor es combinarla con Psili Ammos, que está a unos veinte minutos andando hacia el norte por un sendero costero, o a tres minutos en coche. Comes en las tabernas de Psili Ammos, te bañas aquí a media tarde y vuelves a Livadi al atardecer.
Y si tienes un día y quieres ver el contraste total, cruza la isla hasta Megalo Livadi: de la postal turquesa al pueblo minero abandonado en veinticinco minutos de coche. Esa dualidad es exactamente lo que hace distinta a Serifos.