Seamos honestos desde el principio: la Colección Arqueológica de Serifos es pequeña. Muy pequeña. Ocupa una sala, se recorre en quince minutos y nadie viene a la isla por ella. Dicho eso, cuesta dos euros, está justo donde aparcas al subir a la Chora y cuenta algo que el resto de la isla no cuenta.

Está instalada junto al aparcamiento alto, al lado de la fila de molinos, en el punto donde termina la carretera y empieza el laberinto peatonal de la Chora. Es decir: pasas por delante sí o sí.

Qué hay dentro

Fragmentos de escultura de época helenística y romana, la mayoría excavados en el kastro y en los alrededores del pueblo. Hay piezas de mármol, elementos arquitectónicos, algo de cerámica y objetos de uso cotidiano.

Lo que hace interesante el conjunto no es la calidad excepcional de ninguna pieza, sino lo que demuestra: que esta roca lleva habitada de forma continuada desde la Antigüedad. Serifos acuñó moneda propia en el siglo VI antes de Cristo, con una rana grabada como emblema, gracias a la riqueza mineral de su subsuelo. No era un islote marginal, era un sitio con economía y con dinero.

Ver los fragmentos y después subir al castillo, donde salieron muchos de ellos, cierra bastante bien el círculo.

Pain points

¿Merece el desvío? No, si tienes que desviarte. Sí, si ya estás subiendo a la Chora, que es lo que va a pasar. Piensa en ella como un complemento de quince minutos, no como un destino.

Horario: el punto débil. Abre en horario de mañana y cierra a media tarde, y no todos los días. En temporada baja los horarios se reducen todavía más y no siempre se cumplen. Si te interesa de verdad, pregunta en el pueblo el mismo día.

Cartelas: en griego, con parte de la información también en inglés. En español no hay nada.

Tiempo necesario: quince o veinte minutos. No más.

Accesibilidad: está a nivel del aparcamiento alto, lo cual la convierte en el punto más accesible de la Chora. No hay que subir escaleras para llegar.

Precio: unos dos euros la entrada general. Efectivo.

Cómo encajarla

El plan natural: subes en coche o en autobús hasta el aparcamiento alto de la Chora, entras a la colección quince minutos, sales y te metes en el pueblo. Después subes al castillo veneciano por el sendero de Petria, bajas a Pano Piatsa a tomar algo y cenas arriba.

Si viajas con niños, avisa: quince minutos de fragmentos de mármol no van a ser el momento estelar de sus vacaciones. En cambio, para quien tenga curiosidad por la historia de la isla antes de recorrer las minas del suroeste, es un buen arranque: ayuda a entender que la relación de Serifos con su subsuelo no empezó en el siglo XIX, sino dos mil quinientos años antes.

En la Chora hay también un museo folclórico, en la parte baja del pueblo, con aperos, trajes y objetos de la vida rural y minera. Los horarios son igual de irregulares, pero si lo encuentras abierto, completa bien la visita.