Llegamos a la Chora de Skopelos a media tarde, con el sol de lado iluminando la bahía. Desde la cubierta del ferry el pueblo parecía un decorado: casas blancas y grises apiladas en la ladera, campanarios por todas partes y, coronándolo todo, los muros del kastro. Es una de esas llegadas en barco que justifican por sí solas el viaje.

Un pueblo en anfiteatro

La Chora, que en los mapas aparece simplemente como Skopelos, ocupa la ladera oeste de una bahía en forma de herradura. Abajo está el paseo marítimo, con tabernas, cafés, agencias y el muelle de ferries. Detrás, el casco antiguo se cierra al tráfico y se convierte en un laberinto de escaleras, pasajes y plazuelas a la sombra de plátanos.

Lo que la diferencia de los pueblos de las Cícladas son los tejados. Aquí muchas casas se cubren con losas de pizarra gris o teja, tienen balcones de madera y contraventanas pintadas de azul, verde o rojo. Las calles están empedradas con dibujos de guijarros y las buganvillas cuelgan de casi todas las fachadas.

Más de cien iglesias

Se dice que solo en la Chora hay unas 120 iglesias y capillas, algunas del siglo XI. Es imposible verlas todas y la mayoría están cerradas, pero vale la pena fijarse en dos. La primera es la Panagitsa tou Pyrgou, la iglesita blanca de techo plateado asomada al puerto viejo, que es probablemente la imagen más fotografiada del pueblo. La segunda son las pequeñas capillas del barrio alto, que aparecen de repente al doblar una esquina.

El kastro, la mejor vista

Arriba del todo está el kastro, el barrio más antiguo. Los venecianos de la familia Ghisi levantaron aquí un castillo en el siglo XIII sobre la acrópolis de la antigua Peparethos. Hoy quedan poco más que los muros, pero la vista es la mejor de la isla: toda la bahía, el puerto y el monte Palouki enfrente, con sus monasterios entre los pinos.

La subida desde el puerto lleva unos 15 o 20 minutos por escaleras. Hay tramos empinados, así que con niños pequeños o calor fuerte conviene hacerla a primera hora o al atardecer, que además es cuando la luz es más bonita. No hay entrada ni horario.

Qué hacer en la Chora

Más allá de pasear, en el casco antiguo está el Museo Folclórico de Skopelos, en una mansión del siglo XIX, que da contexto a lo que ves por la calle. En el paseo marítimo se contratan las excursiones en barco al Parque Marino de Alonissos y los taxis acuáticos a la playa de Glysteri.

Para comer, las tabernas del final del muelle sirven pescado y platos de olla a buen precio. Prueba la tiropita en espiral en cualquier panadería por la mañana. Por la noche, la vida se concentra en unos cuantos bares de cócteles tranquilos en callejuelas detrás del puerto y en alguna ouzería con rebetiko en directo en la parte alta.

Consejos prácticos

Aparcar es el principal problema. El centro es peatonal y en agosto los aparcamientos de la carretera de circunvalación se llenan pronto. Si alquilas coche, busca alojamiento con plaza o deja el coche en las afueras y baja andando.

Lleva calzado cómodo, nada de chanclas de playa para subir al kastro: el empedrado resbala. Y si vienes en temporada alta, piensa que la Chora es también donde atracan los barcos de excursión desde Skiathos, así que entre las 11 y las 16 el paseo marítimo se llena. Por la tarde recupera su calma.

¿Merece la pena dormir aquí?

Para un primer viaje, sí. La Chora es la base más práctica: autobús a las playas, alquiler de coches, restaurantes y vida por la noche. Desde aquí puedes ir a la playa de Stafylos en un cuarto de hora y organizar el día a la capilla de Agios Ioannis. Si buscas más calma, el pueblo de Glossa es la alternativa.