La primera vez que bajamos la pasarela del ferry en Ermoupoli tuvimos la sensación de habernos equivocado de país. Nada de casitas blancas con puertas azules: delante teníamos fachadas neoclásicas en ocre, rosa y crema, balcones de hierro forjado, palmeras y una torre de reloj asomando sobre los tejados. Una pequeña capital europea del siglo XIX, plantada en medio de las Cícladas.

Una ciudad nacida de la guerra

Ermoupoli es joven para lo que se estila en Grecia. Se fundó en la década de 1820, cuando miles de refugiados de Quíos, Psara y otras islas arrasadas durante la Guerra de Independencia buscaron protección en Syros, que se había mantenido neutral gracias a su población católica bajo amparo francés. La bautizaron en honor a Hermes, dios del comercio, y el nombre funcionó.

Durante buena parte del siglo XIX fue el primer puerto de Grecia. Aquí estaban los astilleros, los bancos, las aseguradoras navieras y las primeras fábricas del país. Ese dinero se nota en cada esquina: calles de mármol, iglesias recargadas y mansiones que no desentonarían en Trieste.

La plaza Miaoulis, el salón de la isla

Todo pasa por la plaza Miaoulis. Enlosada en mármol, rodeada de palmeras y cafeterías, con un quiosco de música en el centro y la estatua del almirante Andreas Miaoulis, es probablemente el espacio urbano más bonito de las Cícladas.

Preside la plaza el ayuntamiento, un edificio enorme de 1876 diseñado por el arquitecto alemán Ernst Ziller. Dicen que es el ayuntamiento más grande de Grecia, y no cuesta creerlo. Se puede subir la escalinata y asomarse al vestíbulo. A su izquierda, por unas escaleras laterales, está el pequeño Museo Arqueológico, con figurillas cicládicas y piezas del asentamiento prehistórico de Chalandriani.

Nuestro consejo: ven a última hora de la tarde. Es la hora de la volta, el paseo griego, y la plaza se llena de familias, niños en bicicleta y abuelos en los bancos. Pide un café o un helado y observa. Es el mejor espectáculo gratis de la isla.

El teatro Apollo y la parte alta

A pocos pasos, subiendo hacia Vaporia, está el Teatro Apollo, inaugurado en 1864 e inspirado en La Scala de Milán. Fue uno de los primeros teatros de ópera de Grecia y por su escenario pasaron compañías italianas durante décadas. Es pequeño, con palcos de terciopelo y un techo pintado, y en verano acoge el Festival Egeo de ópera y música. Si hay función, no te la pierdas; si no, pregunta en la puerta si permiten echar un vistazo.

Siguiendo cuesta arriba llegas al barrio de Vaporia, el de los armadores, con la iglesia de Agios Nikolaos y sus plataformas de baño sobre el mar.

El puerto y el mercado

El paseo marítimo, la Akti Petrou Ralli, es donde se concentran cafés y bares de copas. Por la noche se anima mucho, con ambiente local y estudiantes de la universidad. Por la mañana, en cambio, lo bonito es la calle Chiou, el mercado: fruterías, carnicerías, pescaderías, tiendas de loukoumia y cafés donde los vecinos discuten de fútbol.

Algunas mañanas los pescadores venden su captura directamente desde los barcos en el muelle. Si te alojas con cocina, es el mejor sitio para comprar.

Qué comer

Ermoupoli es una ciudad para comer. Busca la salchicha de Syros con hinojo, el queso San Michalis (curado, algo picante, parecido a un parmesano) y, por supuesto, los loukoumia, las delicias turcas que aquí se elaboran desde el siglo XIX. Las halvadopites, un turrón blando entre dos obleas, son el otro dulce típico. Las calles Emmanouil Roidi y Kyparissou están llenas de tabernas con mesas bajo buganvillas.

Consejos prácticos

  • Es una ciudad de escaleras. El centro es llano, pero en cuanto subes hacia Vaporia o Ano Syros hay cuestas serias. Calzado cómodo.
  • No entres con coche. Casi todo es peatonal. Aparca en los parkings de los extremos del puerto.
  • Siesta real. Muchas tiendas cierran entre las 14:00 y las 17:30 fuera de agosto. Y se cena tarde, a partir de las 21:00.
  • Accesibilidad: la plaza, el paseo marítimo y el mercado son llanos y aptos para carritos o sillas de ruedas. El resto, complicado.

Si tienes poco tiempo, combina medio día aquí con la subida a Ano Syros al atardecer. Y si te quedas con ganas de neoclasicismo, la vecina Isla de Hidra y Nauplio en el Peloponeso tienen ese mismo aire del siglo XIX, aunque ninguna con la escala de Ermoupoli. Vuelve a la guía de Syros para organizar el resto del viaje.