Después de dos días entre mármoles y mansiones en Ermoupoli, nos apetecía ver la otra cara de Syros. Alquilamos un coche pequeño, dejamos atrás Ano Syros y subimos por una carretera estrecha que se retuerce por la cresta de la isla. En diez minutos, la ciudad había desaparecido. A ambos lados solo había montes pelados, muros de piedra seca, cabras y el mar a lo lejos. Bienvenidos al norte.

Una carretera por el espinazo de la isla

El trayecto hasta San Michalis es, en sí mismo, la mejor parte de la visita. La carretera sigue el espinazo montañoso del norte de Syros y, a cada curva, se abren vistas a valles sin construir, a la costa oeste salpicada de calas y, al este, a las siluetas de Tinos y Mykonos. Es el paisaje cicládico más auténtico de la isla, lejos de urbanizaciones de veraneo.

Conduce despacio: la carretera es estrecha, sin quitamiedos en algunos tramos, y de vez en cuando aparece un rebaño en mitad del asfalto.

El pueblo y su queso

San Michalis es hoy poco más que un caserío de casas de piedra, viñedos y huertos aterrazados. Pero su nombre lo conoce toda Grecia por el queso San Michalis, un queso duro de leche de vaca, curado, de sabor intenso y ligeramente picante, que recuerda a un parmesano. Tiene denominación de origen protegida y en Ermoupoli lo encontrarás rallado sobre la pasta, en saganaki o en tablas de embutidos.

El nombre del pueblo es una huella más de la herencia católica y veneciana de Syros: San Michalis, San Miguel, con la grafía latina en lugar de la griega «Agios».

La capilla en lo alto

Desde la aldea sale un sendero de piedra que sube hasta una pequeña capilla en la cima del monte. Son unos 15-20 minutos de subida, sin dificultad técnica pero con pendiente. Arriba la vista es de 360 grados: el norte salvaje, la costa oeste y, al sur, Ano Syros y Ermoupoli como un decorado en miniatura. Al atardecer es espectacular.

Comer en el norte

En la zona hay una taberna conocida, Plakostroto, que recomiendan las guías desde hace años por su cocina de productos de la isla: queso local, carne de la sierra, verduras de la huerta. Abre sobre todo en temporada (mayo a octubre). Si vas fuera de esas fechas, lleva algo de comida: no hay tiendas.

Puerta al norte salvaje

San Michalis y la zona de Ano Meria son la puerta de entrada al norte deshabitado de Syros. Desde aquí parten senderos hacia:

  • Kastri y Chalandriani: el yacimiento de un asentamiento fortificado de la Edad del Bronce cicládica (hacia 2800-2300 a. C.) y su necrópolis, de donde proceden piezas del Museo Arqueológico de Ermoupoli. Son ruinas modestas, sin servicios ni taquilla, pero el emplazamiento sobre el mar impresiona.
  • Las playas vírgenes del noroeste: Grammata, Marmari y Americanou, a las que se llega con caminatas de entre una y dos horas o en barco.

Puntos débiles y consejos

  • Necesitas vehículo. El autobús no llega o lo hace muy pocas veces. Coche o moto de alquiler, mejor coche por el viento.
  • No hay gasolineras ni tiendas. Sal con depósito lleno, agua y protección solar.
  • El meltemi pega fuerte en las crestas en julio y agosto. Abrígate algo si subes al atardecer.
  • Sin sombra. Si vas a caminar, sal temprano y lleva gorra.
  • Medio día basta para la ruta en coche, la capilla y la comida.

El norte de Syros es el complemento perfecto a la ciudad. Si te gustan estos paisajes duros y vacíos, también disfrutarás del interior de Andros, su vecina del norte, o de la Chora de Serifos. Para organizar el resto del viaje, vuelve a la guía de Syros.