Entramos en el Museo Bizantino casi por obligación, huyendo del calor de mediodía en la plaza Solomos. Salimos dos horas después convencidos de que es la visita cultural más importante de Zante y una de las colecciones de arte religioso más bonitas de Grecia.

Lo que se salvó del terremoto

En agosto de 1953, el terremoto y los incendios que lo siguieron destruyeron casi todas las iglesias de la capital. Muchos de sus iconos, retablos y frescos fueron rescatados de entre los escombros y, con los años, restaurados. El museo, oficialmente llamado Museo de Zakynthos, se creó para darles un hogar y abrió en un edificio neoclásico que domina la plaza Solomos.

Lo que vemos hoy es, en cierto modo, la memoria de una ciudad desaparecida.

La Escuela Jónica

El gran interés del museo es la Escuela Jónica de pintura, que floreció en Zante entre los siglos XVII y XIX. Tras la caída de Creta en manos otomanas en 1669, muchos pintores cretenses se refugiaron en las Jónicas venecianas. Aquí, en contacto con el arte italiano, la pintura de iconos bizantina empezó a abrirse a la perspectiva, el volumen y el realismo renacentista y barroco.

El resultado son obras únicas: iconos que conservan los fondos dorados y la iconografía ortodoxa, pero con rostros expresivos, paisajes y ropajes que recuerdan a Venecia. Pintores como Panagiotis Doxaras o Nikolaos Koutouzis, ambos de la isla, tienen obras importantes en la colección.

Qué no perderse

  • La réplica de la iglesia de San Andrés. En la planta baja se ha reconstruido el interior de la iglesia del monasterio de San Andrés de Volimes, con sus frescos originales recolocados. Entrar en ella es como meterse dentro de un icono.
  • Los iconostasios tallados. Grandes retablos de madera dorada, tallados con un detalle asombroso, que separaban el altar de la nave en las iglesias destruidas.
  • Los iconos cretenses. En la planta superior hay piezas de la escuela cretense anteriores a la Escuela Jónica, que permiten ver la evolución del estilo.
  • La maqueta de la ciudad antes de 1953. Muestra cómo era la capital veneciana antes del terremoto. Ayuda mucho a entender lo que se perdió.

¿Merece la pena?

Sí, incluso si no eres especialmente aficionado al arte religioso. La colección es manejable (una hora u hora y media bastan), el edificio tiene aire acondicionado y la historia del terremoto le da un hilo emocional.

Pain points:

  • Precio: la entrada general es de 10 € (reducida 5 €), cara para el tamaño del museo pero en línea con los museos estatales griegos actuales.
  • Cartelería: hay textos en inglés, aunque no muy extensos. Si quieres profundizar, busca información antes de ir.
  • Horario: cierra a media tarde y no abre todos los días. Los horarios de los museos estatales cambian con frecuencia: compruébalo en la web oficial del Ministerio de Cultura antes de ir.
  • Fotos: normalmente se permiten sin flash.
  • Niños: no está pensado para ellos, pero la réplica de la iglesia suele llamar su atención.

Cómo combinarlo

El museo está en plena plaza Solomos, el corazón de la capital de Zakynthos. A dos minutos andando está el Museo Solomos, que completa la visita con la parte literaria de la historia de la isla. Después de comer, sube al castillo de Bochali para el atardecer.

Si te interesa el arte bizantino, otra visita imprescindible en las islas es el monasterio de San Juan en Patmos.