Mucha gente pasa por la capital de Zante solo para coger el ferry o hacer una escala en el autobús. Es un error. Nosotros le dedicamos una mañana larga y una noche, y fue donde más sentimos el carácter propio de la isla, ese aire italiano que no tiene ninguna otra ciudad griega.
Una ciudad que renació de las cenizas
En agosto de 1953 un terremoto sacudió las Jónicas y, en Zakynthos, los incendios posteriores arrasaron casi toda la ciudad veneciana. Solo quedaron en pie tres edificios: el Banco Nacional, la iglesia de San Dionisio y la de San Nicolás del Muelle. Lo demás se reconstruyó en los años cincuenta respetando el trazado y el espíritu original: calles con soportales para protegerse del sol y la lluvia, plazas amplias y fachadas neoclásicas en tonos ocre y crema.
El resultado es una ciudad ordenada, agradable para pasear y, sobre todo, muy viva. A diferencia de Laganas, aquí la vida sigue todo el año y la mayoría de los negocios son de gente local.
Qué ver en un paseo
Empezamos en la plaza Solomos, junto al mar, presidida por la estatua del poeta que escribió el himno nacional griego. En un lado está la iglesia de San Nicolás del Muelle, del siglo XVI, y en otro el edificio del Museo Bizantino, que guarda los iconos rescatados de las iglesias destruidas. Si solo tienes tiempo para un museo en Zante, que sea este.
Detrás, a dos minutos, está la plaza San Marcos, la más animada por la noche, con la iglesia católica, cafeterías y el Museo Solomos, donde reposan los restos del poeta y de Andreas Kalvos.
La calle Alexandrou Roma, peatonal y paralela al puerto, es el eje comercial: tiendas de mantolato (el turrón blanco local), miel de tomillo, aceite y algún que otro souvenir de tortugas. Merece la pena seguir el paseo marítimo hacia el sur hasta la iglesia de San Dionisio, patrón de la isla, con su campanario inspirado en el de San Marcos de Venecia y un interior cubierto de oro y frescos. La entrada es casi simbólica (1 €) y suele estar abierta mañana y tarde. Hay que entrar con hombros y rodillas cubiertos.
Comer y cenar
Para cenar, la capital es mejor que cualquier zona turística. En varias tabernas del centro y de la colina de Bochali todavía se cantan kantades y arekies, canciones populares a varias voces con guitarra, herencia veneciana. No siempre hay música, así que pregunta en tu alojamiento qué noches toca.
Prueba la sofigadoura (guiso de ternera con tomate), el conejo estofado y el queso ladotyri en aceite. Para beber, un vino blanco de uva verdea, la variedad autóctona.
Consejos prácticos
- Aparcar: el centro tiene calles estrechas y poco aparcamiento. Hay explanadas gratuitas junto al puerto, al sur de la plaza Solomos.
- Calor: en julio y agosto la ciudad aprieta a mediodía. Visita museos por la mañana (cierran sobre las 15:00-15:30) y vuelve al atardecer.
- Cruceros: algunos días atracan barcos de crucero y el centro se llena entre las 10:00 y las 16:00.
- Playa: la ciudad no tiene una playa digna. Las más cercanas están en Argassi o en la península de Vasilikos, donde está la preciosa playa de Gerakas.
¿Merece la pena alojarse aquí?
Para estancias cortas, viajes fuera de temporada o si te mueves en autobús, sí: es el nudo de todas las líneas KTEL y el puerto del ferry de Kyllini está en el mismo paseo. Si buscas playa a pie, mejor Argassi o Tsilivi. Encontrarás todas las opciones en nuestra guía completa de Zakynthos.