Skala, la playa que te recibe al bajar del barco
Hay algo especial en las playas urbanas de las islas griegas. Bajas del ferry, arrastras la maleta, y veinte metros más allá ya estás metiendo los pies en el agua. Skala es exactamente así.
La playa de Skala se despliega a la derecha del puerto, protegida por la península rocosa donde se alza la iglesia de Agioi Anargyroi. Es una playa de arena fina y dorada, con aguas tan tranquilas que parecen las de una piscina. El fondo desciende muy despacio, así que los niños pueden chapotear sin peligro.
La playa está dividida en dos por el promontorio de la iglesia. La zona este, la más cercana al puerto, tiene sombra natural de olivos por la tarde. La zona oeste es más amplia y soleada. En ambas hay tumbonas y sombrillas de alquiler por unos 8-10 euros al día. También puedes tirar la toalla en la arena si prefieres no gastar.
Detrás de la playa hay un paseo con tavernas y cafeterías. Te puedes pedir un frappé helado y bebértelo con los pies en la arena. O sentarte a comer pulpo a la parrilla mientras miras el mar. A nosotros nos encantó una taberna pequeña, cerca de la iglesia, donde servían pescado del día a un precio increíble.
Skala no es la playa más bonita de Agistri. Ni la más salvaje. Ni la más fotogénica. Pero es la más cómoda. La que tienes al lado del hotel. Donde bajas a darte el primer baño de la mañana y el último del atardecer.
Para nosotros, Skala fue la playa de cada día. La de antes del desayuno, cuando el agua está plana como un espejo y solo hay algún nadador madrugador. La de después de cenar, cuando las luces del pueblo se reflejan en el mar. Esos momentos sencillos son los que hacen que un viaje se convierta en un recuerdo.