Kokkinokastro significa "castillo rojo" y en cuanto bajas la cuesta del parking entiendes el nombre. La pared que cae al mar está teñida de un rojo intenso por la oxidación del hierro en la roca, y los cantos de la playa son del mismo color. El contraste con el azul turquesa del agua es de los más fotogénicos de las Espóradas.
Pain points
El acceso. Hay que dejar el coche arriba y bajar una cuesta empedrada de unos 200 metros. No es difícil, pero con sandalias finas resbala. Para volver hay que subirla, claro: la mochila pesa más después del baño. No apto para movilidad reducida.
Sombra. Casi inexistente. El acantilado da sombra puntual al final de la tarde sobre una franja pequeña. Si vienes en julio o agosto, lleva sombrilla propia: el chiringuito no siempre alquila.
El fondo. Cantos rodados de tamaño medio, no arena. Los escarpines se agradecen porque al meterte y salir las piedras se mueven. La pendiente es pronunciada: a 5 metros de la orilla ya cubre por encima de la cabeza. Por eso el agua está siempre transparente y muy fría incluso en agosto.
Lo arqueológico bajo el agua
Lo que hace única a Kokkinokastro es lo que casi nadie cuenta: aquí estuvo la antigua Ikos, capital de Alonissos en la época clásica. Los restos sumergidos del puerto antiguo se distinguen sin dificultad nadando con máscara hacia el extremo norte de la playa. Verás bloques tallados, parte de un muelle hundido y cerámica dispersa por el fondo. No se puede tocar ni recoger nada, pero la sensación de nadar sobre 2.500 años de historia es difícil de explicar.
Servicios y comida
Hay un chiringuito sencillo, Kokkinokastro Beach Bar, abierto de junio a septiembre. Sirve cafés, bocadillos, ensaladas y bebidas frías. El plato estrella es la ensalada griega con tomates de la isla. Precios moderados: bebida 3-4 euros, ensalada 8 euros. No esperes haute cuisine, esto es playa de cantos rojos a la vieja usanza.
Combinarla con otras visitas
Una jornada típica sería Chrisi Milia por la mañana (más cómoda, mejor sombra), traslado a Kokkinokastro a media tarde para nadar entre las ruinas, y cena en Steni Vala con el atardecer. Las tres están en el mismo eje de la costa este, separadas por 5 minutos en coche cada una.
Si te apasiona la fotografía submarina, ve con luz alta del mediodía: los rayos atraviesan los cantos rojos y crean reflejos color cobre que no tienen otras playas de las islas griegas.