El pueblo fantasma de los treinta y pico campanarios
Paleahora ("ciudad vieja", en griego) es uno de esos lugares que ni los mapas turísticos saben colocar bien. Está en una loma del interior de Egina, a 6 km del puerto, escondido entre olivos y cipreses. Si llegas en coche, lo único que se ve desde la carretera es una colina con cúpulas y campanarios diseminados por la ladera como semillas tiradas a voleo. Al subir te das cuenta de que cada cúpula es una capilla y que entre las capillas hay ruinas de casas, cisternas, muros derruidos y senderos empedrados. Era una ciudad entera. Hoy es un pueblo fantasma con liturgia.
Mil años de capital en alto
En el siglo IX, los habitantes de la costa de Egina huyeron tierra adentro de los piratas árabes y bizantinos que asolaban el Egeo. Construyeron Paleahora en una loma defendible, a media hora de la costa, donde un pueblo no se ve desde el mar. Aguantó así durante mil años: capital de la isla desde el siglo IX hasta principios del XIX, sede del obispado, con su propia ciudadela en lo alto.
En 1537 llegó el momento que acabó con todo. Hayreddin Barbarroja, almirante de Solimán el Magnífico y el corsario más temido del Mediterráneo otomano, atacó Egina. Paleahora fue saqueada, sus habitantes asesinados o vendidos como esclavos en Estambul. La ciudad nunca se recuperó del todo, pero siguió habitada otros tres siglos más. El abandono final llegó en 1826, cuando los últimos habitantes bajaron a fundar la actual Egina ciudad, que se convertiría poco después en la primera capital de la Grecia moderna.
Las casas se cayeron, pero las capillas no. Y son muchas: el cálculo más conservador habla de 35 iglesias y capillas, varios cronistas elevan la cifra a 365 (una por cada día del año), aunque la mayoría son leyenda. Lo verificable son unas 30, y son las que verás hoy.
Qué puedes visitar (y qué está cerrado)
El sitio está abierto al público, sin entrada y sin horario. Aparcas al pie de la colina junto a la iglesia moderna de Agios Nektarios (que no es la grande, esa está enfrente: ver Iglesia de Agios Nektarios) y subes por un sendero empedrado. No hay paneles ni señalización, así que un mapa o una guía te ayudarán mucho a no perderte detalles.
De las 30 capillas, unas 10 conservan frescos del siglo XIII al XVIII y están permanentemente abiertas o se abren si encuentras al cura o al cuidador. Las que no te puedes perder:
- Episkopi, la antigua catedral, con frescos del siglo XIV.
- Agios Dionysios, residencia del santo y obispo que dio nombre al lugar.
- Stavros tou Christou (Cruz de Cristo), en lo alto, con los mejores frescos conservados.
- Metamorfosis (Transfiguración), con su iconostasis de madera tallada.
Las casas civiles están totalmente arrasadas: solo quedan zócalos de piedra y algún arco aislado.
Pain points reales: ven preparado
- No hay sombra ni servicios. Sube agua y gorro, especialmente entre las 11 y las 16 en verano. No hay nada que comprar arriba.
- El terreno es irregular. Calzado cerrado, no chanclas. Hay piedras sueltas y los senderos suben en cuesta moderada.
- No hay baños públicos. Resuelve antes en la cafetería de la entrada o en Agios Nektarios al otro lado de la carretera.
- Tiempo necesario: 1 hora para una vuelta rápida, 2 horas si entras en cada capilla abierta. La visita combinada con la iglesia de Agios Nektarios suma medio día.
Cómo encajarlo en el día
La combinación obvia es Agios Nektarios + Paleahora (están literalmente uno enfrente del otro, separados por la carretera) y, si te queda tiempo, subir después al Templo de Afaia, a 8 km más al este. Total: medio día largo. El bus que va de Egina a Agia Marina para en Agios Nektarios; desde ahí cruzas la carretera con cuidado y subes.
Es probablemente la visita más silenciosa y atmosférica de Egina. Mucha gente le dedica 20 minutos y se va: equivócate al revés, dale tiempo. Es el tipo de sitio en el que los detalles aparecen cuando dejas de buscarlos.