Horio es lo que queda del pasado de Halki. Cuando los piratas asolaban el Egeo entre los siglos VII y XVIII, vivir junto al mar era una invitación al saqueo, y los habitantes de la isla hicieron lo mismo que hicieron los habitantes de tantas otras Cícladas y Dodecaneso: subir a la montaña, lejos de la vista, escondidos. Construyeron su pueblo a tres kilómetros del puerto, encaramado en una colina interior, protegido por un castillo en lo alto. Ahí vivió la población de Halki durante siglos. Cuando las amenazas piratas desaparecieron a finales del XIX, todo el mundo bajó al puerto, al actual Emborios, donde construyeron las mansiones neoclásicas. Horio quedó vacío y empezó a desmoronarse despacio.

Hoy es uno de esos lugares en los que el silencio es tan denso que se oye. La carretera asfaltada termina antes de entrar al pueblo. Desde el aparcamiento improvisado se sigue a pie por una pista de piedra que zigzaguea entre casas en ruinas. Las paredes encaladas todavía resisten, los tejados se han venido abajo, las puertas de madera cuelgan torcidas. Crecen higueras silvestres y cactus chumberos entre las habitaciones donde alguien dormía hace ciento cincuenta años. Es una postal melancólica que no se ve en muchas islas griegas, porque normalmente estos pueblos abandonados se restauran o se desmontan: en Halki se ha optado por dejar el lugar en su estado natural de ruina lenta.

Aún quedan en pie algunos edificios cuidados. La iglesia bizantina de Panagia (siglo XV), con sus frescos parcialmente conservados, se mantiene en uso religioso y abre para la fiesta del 15 de agosto. La pequeña casa parroquial conserva el techo. Y arriba del todo, coronando la colina, los muros y torres del castillo medieval del siglo XIV, construido por los Caballeros Hospitalarios de San Juan sobre los restos de una acrópolis griega clásica anterior. Algunos sillares en la base de la muralla son del periodo helenístico, otros son del periodo de los Caballeros. Es una de esas construcciones por capas que cuentan la historia mediterránea de las islas en un solo lugar.

La subida al castillo desde la entrada de Horio toma unos veinte minutos. El camino es de piedra, con tramos escalonados, y hay que ir con calzado cómodo y mucha agua. No hay sombra en todo el recorrido. La pendiente es notable, especialmente el último tramo antes de coronar. Pero la vista desde arriba lo justifica: hacia el este se ve todo el canal hacia Rodas, con la costa rodia perfilada en el horizonte; hacia el oeste, la isla deshabitada de Alimia; hacia el sur, la silueta de la isla de Tilos. En días despejados se alcanzan a distinguir los perfiles de Symi en el norte y Karpathos al suroeste. Es uno de los mejores miradores de todo el Dodecaneso.

Dudas habituales: ¿hay entrada? No, el acceso es completamente libre y gratuito a todas horas, no hay valla, no hay guardia, no hay horario. ¿Hay guías? No, no hay servicio de visitas guiadas oficiales. Algún hostelero del puerto organiza paseos en grupo si se lo pides, pero no es estructural. ¿Es seguro? Sí, siempre que respetes las estructuras: no te apoyes en muros que parezcan inestables, no entres en casas con tejados caídos, vigila a los niños. ¿Cuánto tarda la visita? Calcula dos horas en total desde que sales de Emborios caminando hasta que vuelves: una hora ida y vuelta caminando, una hora explorando el pueblo y subiendo al castillo.

El mejor momento para visitar Horio es a primera hora de la mañana, antes de las once, cuando el sol todavía es soportable. O al atardecer, entre las seis y las ocho de la tarde, cuando la luz dorada baña las ruinas y se puede luego bajar al pueblo a cenar. Evita las horas centrales del día en julio y agosto: hace mucho calor, no hay sombra ni agua, y la subida al castillo es muy dura. En primavera y otoño se puede visitar en cualquier momento.

Para combinar excursión, lo más sensato es coger el sendero que continúa desde Horio hacia el oeste, hasta el monasterio de Agios Ioannis Alarga. Son otras dos horas de caminata fácil por terreno abierto, con vistas constantes al mar. La combinación Horio + Castillo + Monasterio + bajada a Emborios es la ruta de senderismo clásica de la isla, total unas seis horas con descansos. Es la mejor manera de conocer el interior de Halki en una sola jornada. Si solo quieres ver Horio sin caminar, puedes subir desde Emborios en quad alquilado o en el minibus comunitario (un par de horarios diarios en verano).