Las llaman Seychelles y, aunque el nombre puede sonar exagerado, basta llegar y ver el agua para entender el apodo. Se trata de un conjunto de tres calas pequeñas en la costa sur de Ikaria, cerca del pueblo de Manganitis, donde el azul es ese turquesa imposible que normalmente uno asocia al Caribe o al océano Índico. Rocas blancas pulidas, pinos hasta la orilla, fondo de cantos rodados y el mar perfectamente transparente. En un día sin meltemi, son probablemente las playas más fotogénicas de Ikaria.
La fama de Seychelles ha crecido en los últimos años, sobre todo gracias a Instagram, pero el sitio sigue siendo relativamente salvaje. No hay sombrillas, no hay bares en la orilla, no hay servicios. Tampoco baños públicos. La accesibilidad es complicada y eso filtra parte del turismo. Quien llega hasta aquí sabe a qué viene: a un día de mar puro, sin distracciones.
Cómo llegar (la parte importante)
Llegar a Seychelles no es trivial y conviene tener clara la ruta antes de salir. La carretera asfaltada termina a unos 800 metros del primer mirador, en un aparcamiento informal entre los pinos. Desde ahí hay que bajar a pie por un sendero rocoso bastante empinado, con piedras sueltas y algún tramo que requiere usar las manos. El descenso lleva unos 15-20 minutos. La subida de vuelta, en pleno mediodía y con el sol del mes de agosto pegando, puede ser dura. Calzado cerrado obligatorio: las chanclas no son una opción aquí.
Una alternativa cómoda y muy recomendable es llegar en barco. Desde Magganitis o desde Karkinagri salen pequeñas embarcaciones que hacen el trayecto en 15-20 minutos por unos 15-20 € por persona, ida y vuelta. Si vas con niños, con mayores o si simplemente no te apetece el descenso, es la mejor opción. Algunos tours organizados como el tour privado en barco por la costa sur de Ikaria incluyen parada en Seychelles entre sus paradas.
Pain points: sombra, viento, masificación
Para que las expectativas estén afinadas, conviene saber tres cosas. Primero, no hay sombra natural en la orilla. Los pinos quedan en lo alto y la cala en sí está totalmente expuesta. Si vas en julio o agosto, sombrilla portátil obligatoria (que te tendrás que cargar en la bajada). Segundo, el viento del norte (meltemi) que sopla en julio-agosto no afecta directamente porque la playa está en la costa sur, pero sí puede levantar oleaje suficiente para que el barco desde Manganitis cancele el servicio.
Tercero, en julio y agosto Seychelles se masifica. No al nivel de las playas turísticas de las Cícladas, pero las calas son tan pequeñas que con 40-50 personas ya están saturadas. Llegar antes de las once o después de las cuatro es la mejor estrategia para encontrar sitio. Para una experiencia más solitaria, mayo-junio y septiembre son ideales.
Las tres calas
Aunque se habla de "Seychelles" en singular, en realidad hay tres calas adyacentes separadas por bloques de roca pulida. La principal es la más amplia y la más fácil de acceder. Las otras dos requieren rodear bordes rocosos o nadar unos metros, y son las preferidas por quienes buscan más intimidad. El nudismo es habitual en todas, especialmente en las calas más alejadas. No hay un código estricto: hay quien va en bañador y hay quien no, sin que nadie haga aspavientos. Si te incomoda, mejor quedarte en la cala principal.
El fondo es de cantos rodados y arena fina entre las piedras, lo que hace que el agua se mantenga increíblemente transparente. Es uno de los mejores spots de snorkel de Ikaria. Lleva tus propias gafas: aquí no hay alquiler.
Qué llevar
Imprescindible: agua (mucha más de la que crees), calzado cerrado, gafas de snorkel, sombrilla portátil, protector solar. Recomendado: comida porque no hay nada cerca, una bolsa estanca para el descenso por la roca, una toalla extra para sentarse en los cantos. Como en casi toda Ikaria, las basuras se las lleva cada uno: respeta el espacio y no dejes nada.
Si combinas la visita con otras paradas de la costa sur, las termas de Therma están a unos 40 minutos en coche y son la mejor manera de descongestionar las piernas después del subir/bajar de Seychelles. También puedes pasar por el pueblo de Manganitis, donde un curioso túnel excavado en la roca te lleva al pueblo en sí.