Alimia es una de esas calas que uno solo entiende cuando se mete en el agua con gafas. En la superficie, vista desde el barco, es una bahía pequeña y discreta en la costa oeste de Iraklia, con apenas ochenta metros de arena gruesa y un mar de un azul intenso. Pero bajas la cabeza con las gafas puestas y, a once metros de profundidad, ves el esqueleto medio enterrado de un hidroavión alemán de la Segunda Guerra Mundial. Es el momento en que el viaje a Iraklia se vuelve una historia para contar el resto de tu vida.

El avión es un Arado Ar 196 de reconocimiento, derribado por la aviación británica el 17 de septiembre de 1943 durante uno de los combates de las Cícladas. Cayó al mar y permaneció en el fondo hasta que, en 1982, un pesquero local lo enganchó en sus redes y lo arrastró hasta la bahía de Alimia, donde se quedó. Lleva ya más de cuarenta años en el mismo sitio, sin protección oficial pero también sin saqueo: la propia comunidad de la isla lo cuida porque entiende que es un atractivo único. Verlo desde la superficie con gafas y aletas es perfectamente posible cuando el agua está calmada (casi siempre). Para los buceadores con titulación, descender hasta el fondo es una de las inmersiones recreativas más curiosas del Egeo.

A esta playa no se llega por carretera: no hay carretera, sencillamente. La única forma cómoda es la excursión diaria en la barca Anemos, que sale del puerto de Agios Georgios cada mañana en temporada (junio a septiembre) por 15 euros por persona. La salida es sobre las diez, hace ruta por Karvounolakos primero, llega a Alimia hacia el mediodía y vuelve al puerto a media tarde. Se reservan los billetes en la tienda Perigiali, en el puerto. Los días con mar fuerte (sobre todo cuando hay meltemi del norte), la barca puede no salir: pregunta el día anterior y ten un plan B en Livadi.

La otra opción, para gente con experiencia, es ir en kayak de mar desde Agios Georgios. Son unas dos horas de remada en cada dirección bordeando la costa norte, con un par de calas intermedias donde parar. No es ruta para principiantes ni para días con viento, pero en jornadas tranquilas es una experiencia muy intensa. En el puerto no hay alquiler regular de kayaks; lo habitual es venir con el propio o concertarlo desde Naxos con alguna escuela.

La playa en sí no tiene servicios. Cero. La barca trae sombrilla y agua para los pasajeros, pero no hay chiringuito ni baño. La sombra natural es muy poca: una roca grande en un extremo y poco más. Si vas en agosto, lleva crema solar de factor alto y una camiseta para nadar. El fondo es de cantos rodados gruesos en la orilla y arena más adentro: las alpargatas para entrar al agua ayudan.

¿Vale la pena la excursión? Si te gusta el snorkel, sí, sin discusión. El hidroavión es único y verlo en directo cambia la perspectiva del viaje. Si no te interesa meter la cabeza en el agua, Alimia te parecerá una cala más, aunque con la ventaja del aislamiento total. Para quien busque pura playa sin historia, Tourkopigado o Livadi son opciones más cómodas. Pero si te apasiona la combinación de naturaleza e historia bajo el agua, Alimia es de esos lugares que se quedan en la cabeza.

Nuestra recomendación: combinar Alimia con una segunda parada en Karvounolakos (la barca lo hace en el mismo trayecto) y dedicar el día entero al mar. Volver al puerto con la piel salada, comer pescado fresco en alguna de las tabernas y dormir como un tronco esa misma noche es el cierre perfecto. Si te quedas más días, también merece la pena la excursión a la cueva de Agios Ioannis, que cuenta otra cara de la misma isla.