Casi todo el turismo que llega a Patmos hace lo mismo: monasterio, cueva y de vuelta al barco. Este recorrido de cuatro horas es para quien quiere lo que hay alrededor de ese eje, que es bastante más de lo que parece.
Nosotros lo hicimos en el segundo día, ya con la visita grande hecha, y funcionó justo así: como segunda capa.
Qué se ve
El tour se mueve en vehículo privado con conductor, y el guía es opcional según la modalidad que se reserve. Empieza en la Chora de Patmos, que es Patrimonio de la Humanidad y que de lejos parece un pueblo blanco cualquiera.
De cerca no lo es. Los callejones son de piedra, deliberadamente estrechos y torcidos para desorientar a los piratas, y detrás de las puertas hay casas señoriales del siglo XVII construidas por armadores. Se ven poco desde fuera, así que aquí el guía marca la diferencia.
Luego están los tres molinos de viento del siglo XVI, restaurados y en pie sobre la loma que domina la Chora. Se levantaron para moler el grano del monasterio y estuvieron parados décadas hasta que un proyecto de recuperación los devolvió a la vida. Uno de ellos vuelve a moler.
El recorrido incluye también el convento de Zoodochos Pigi, un monasterio femenino del siglo XVII con iconos y bordados, más pequeño y muchísimo más tranquilo que el Monasterio de San Juan.
Y para cerrar, los miradores del sur y del oeste, con la bahía de Grikos, el islote de Tragonisi y en días claros la silueta de Leros y de Lipsi en el horizonte.
Dificultad: fácil, pero no plano
El coche hace el trabajo duro. El desnivel serio entre Skala y la Chora se cubre en carretera, así que no hay que subir cuestas largas.
Dicho eso, la Chora se camina. Son unos dos kilómetros de callejones empedrados, con escalones sueltos, pendientes cortas y suelo irregular. No es exigente, pero tampoco es un paseo por asfalto liso.
Los molinos están en alto y se llega andando desde el aparcamiento por una senda corta de tierra y piedra. Ahí sopla el viento casi siempre, que es exactamente el motivo de que los molinos estén donde están.
Para quién funciona y para quién no
Con gente mayor va bien si camina sin ayuda y sin prisa. El ritmo es tranquilo y hay bancos y cafés en la plaza de la Chora para descansar.
Con silla de ruedas es complicado. Los callejones de la Chora no están adaptados y el acceso a los molinos es de tierra. Se puede disfrutar la parte de miradores y algo del casco, pero no el conjunto.
Con niños es entretenido, más que la visita a la cueva, porque los molinos les llaman y los callejones se convierten en laberinto. Cuatro horas, eso sí, son largas para menores de seis años.
Qué llevar
- Zapato cerrado con buena suela. El empedrado de la Chora está pulido y en pendiente.
- Gorra y gafas de sol. En la loma de los molinos no hay ni una sombra.
- Agua, al menos un litro por persona en verano.
- Ropa que cubra hombros y rodillas, porque en Zoodochos Pigi se aplica el mismo código de vestimenta que en el monasterio grande. Un pañuelo grande en la mochila salva la situación.
- Efectivo suelto por si se visita alguna capilla con donativo o se compra bordado en el convento.
Mejor época y mejor hora
Nosotros lo haríamos a última hora de la tarde si es verano. La luz sobre las casas de la Chora entre las 18 y las 20 es otra cosa, el calor baja y los grupos de crucero ya se han ido.
De abril a junio y de septiembre a octubre es cuando el recorrido está más redondo: la isla verde o dorada, temperaturas de 22 a 27 grados y sin masificación. En julio y agosto, tarde sí, mediodía no.
En invierno el convento y algunas iglesias abren en horario reducido o cerrado, así que verificar antes es obligatorio.
¿Merece la pena?
Los 65 euros que suele costar el punto de partida son más que un taxi, evidentemente. Lo que se paga es el acceso a un relato: por qué la Chora está construida en alto y no en el puerto, qué hacía un molino de un monasterio, qué se cocía entre monjes y armadores en el siglo XVIII.
Si viajas con presupuesto ajustado y curiosidad propia, se puede recorrer la Chora a pie desde Skala en 45 minutos de subida y los molinos son de acceso libre por fuera. Si prefieres no sudar la cuesta y quieres contexto, este tour tiene sentido.
La política de cancelación suele ser gratuita hasta 24 horas antes, pero conviene confirmarla en la ficha al reservar porque cambia según la temporada.
Para planificar el resto de días, en nuestra guía de Patmos contamos cómo repartir monasterio, playas y calas de barco sin repetir trayectos.