Si solo tienes tiempo para una playa en Psara y quieres comodidad, es esta.

Katsoúnis está en la costa este, a unos tres kilómetros del pueblo. Es una playa de arena dorada de unos trescientos metros, con el agua entrando muy despacio y una transparencia que cuesta fotografiar sin que parezca retocada.

Pero lo que la hace distinta no es la arena. Es que el ayuntamiento de Psara pone sombrillas, hamacas y duchas gratis. Sin coste. En agosto. En una playa griega. Es una de esas cosas que solo pasan cuando una isla decide que el turismo no va a ser su negocio principal, y para el viajero es un regalo enorme: en las Cícladas el mismo servicio te cuesta entre 20 y 60 euros al día.

Spitalia, el edificio con historia

En la propia playa está el edificio más interesante de toda la isla después de las iglesias. Es una construcción del siglo XVIII que originalmente fue estación de cuarentena para marineros, un lazareto donde se retenía a las tripulaciones sospechosas de traer enfermedades.

En los años setenta el arquitecto Aris Konstantinidis, uno de los grandes del modernismo griego, lo reconvirtió en restaurante. Hoy es Spitalia y sigue funcionando en verano. Se come bien, con la especialidad de la isla (langosta, en todas sus versiones) y algún plato menos habitual como el cabrito relleno. Los precios rondan lo que se paga en cualquier taberna de isla pequeña, no hay sobreprecio por el edificio.

Poder comer con los pies casi en la arena en un lazareto del XVIII rehabilitado por un arquitecto de renombre, y que además no te cobren la sombrilla, resume bastante bien lo rara que es esta isla.

Pain points reales

Sombra: las sombrillas municipales son la única sombra. No hay árboles ni escollera. Si vas en agosto, baja antes de las once o te quedas sin sitio bajo sombrilla. Si eres de piel delicada, llévate una propia como respaldo.

Multitudes: en la escala de Psara, esto es la playa "concurrida", lo que significa entre veinte y cuarenta personas un día de agosto. Es decir, vacía para el estándar griego. En junio o septiembre puedes estar solo.

Arena o piedras: arena de verdad, fina, agradable de pisar. Buena para niños.

Entrada al agua: suave y progresiva. Es la playa más apta de la isla para niños pequeños y para gente que nada poco.

Viento: al estar orientada al este queda protegida del meltemi del norte, que es el viento dominante en verano. Cuando en la costa oeste hace imposible bañarse, aquí suele haber calma. Es la playa comodín de la isla.

Accesibilidad: el acceso es razonablemente llano desde donde se aparca, sin escaleras ni bajadas de piedra. Es la mejor opción si alguien del grupo tiene movilidad reducida.

Nudismo: no es playa nudista. En las calas apartadas del norte de la isla la cosa es más relajada, pero aquí se lleva bañador.

Cómo llegar sin complicarte

Andando son unos 35 o 40 minutos por carretera desde la Chora, perfectamente factible por la mañana temprano o a última hora de la tarde. A mediodía, con el sol vertical y sin sombra, no es buena idea.

Lo cómodo es la bicicleta eléctrica municipal que se coge en la plaza frente al ayuntamiento por céntimos, o un ciclomotor alquilado en el pueblo por 20 a 30 euros al día si vas a moverte varios días.

El plan que funciona

Baja temprano, coge sombrilla, báñate, sube a comer a Spitalia sobre las dos y quédate a la siesta hasta que el sol empiece a caer. A las seis, vuelta al pueblo.

Si te sabe a poco, el siguiente paso natural es cruzar la isla hasta Lakká, en la costa oeste, que es más grande, más salvaje y no tiene absolutamente nada. Y si prefieres quedarte cerca del pueblo, Lazaréta está a diez minutos andando y es la que tiene el agua más clara de toda la isla.