Lakká es la playa más grande de la isla y también la que mejor resume de qué va Psara: mucho espacio, cero infraestructura y la sensación permanente de haber llegado antes que nadie.

Está en la costa oeste, a unos cuatro kilómetros del pueblo, mirando al mar abierto en dirección a Antipsara. Son cuatrocientos metros largos de arena con el fondo cayendo poco a poco y, en días buenos, un turquesa que sorprende porque uno no espera este color en el Egeo Norte.

El viento, que es el tema principal

Aquí hay que hablar del meltemi antes que de nada. Lakká está orientada al oeste-noroeste y en verano el viento dominante del norte le pega de lleno.

Eso tiene dos consecuencias. La primera es que hay días en que la playa está con olas fuertes y la entrada al agua incómoda o directamente desaconsejable. La segunda, que también es real, es que incluso con viento las zonas de entrada mantienen un color turquesa espectacular y merece la pena acercarse aunque no te bañes.

La estrategia sensata es la de todo el mundo en la isla: mira el mar desde el pueblo por la mañana o pregunta en la taberna. Si hay meltemi fuerte, ese día toca Katsoúnis en la costa este, que queda a resguardo. Si hay calma, toca Lakká, sin dudarlo.

Cómo es estar ahí

En días tranquilos, Lakká es la playa donde uno se queda toda la mañana sin darse cuenta. Es normal ser la única persona en toda la extensión de arena, incluso en agosto. Nadie más. Ni sombrilla, ni música, ni gente.

Ese vacío es lo que la gente recuerda cuando vuelve. No es la playa más bonita de Grecia y no lo pretende. Es una de las poquísimas playas grandes del Egeo donde te puedes bañar solo en pleno verano.

Pain points, y aquí hay que ser muy claro

Servicios: cero. No exagero. No hay sombrilla, ni hamaca, ni ducha, ni chiringuito, ni fuente, ni papelera, ni socorrista, ni cobertura del todo fiable. Lo que llevas es lo que tienes.

Sombra: ninguna. No hay ni un árbol. Sombrilla propia obligatoria si vas a pasar más de un rato, sobre todo entre las doce y las cinco.

Agua y comida: dos litros por persona mínimo y algo de comer. El pueblo está a cuatro kilómetros y no hay nada por el camino.

Oleaje: en días de viento, corriente y olas. No es una playa para nadadores flojos con meltemi, y con niños pequeños hay que valorarlo cada día. Sin socorrista, la prudencia es tuya.

Basura: llévate de vuelta todo lo que traigas. En una playa sin papeleras ni servicio de limpieza, eso no es un detalle.

Accesibilidad: el acceso hasta la arena es razonable, pero llegar hasta aquí requiere vehículo o buenas piernas.

Cómo llegar

En ciclomotor son diez minutos escasos por la carretera del oeste. Es la opción cómoda y la que usa casi todo el mundo: se alquilan en el pueblo por 20 a 30 euros al día.

En bicicleta eléctrica municipal es factible, media hora larga con algo de cuesta. Sale por céntimos, que es lo que cuestan estas bicis en la estación de la plaza.

Andando es alrededor de una hora sin sombra. Solo con salida temprano y agua de sobra.

De camino, si vas por la costa oeste, pasas cerca del yacimiento micénico de Archontiki. Es una parada de veinte minutos que encaja perfectamente en la misma excursión.

Para quién

Para quien busca soledad de verdad y viene preparado. Para el que hace snorkel: con calma, la visibilidad es excelente y el fondo está intacto porque aquí no fondea nadie.

No es la playa para un día de familia con niños pequeños, sombrilla, nevera y baños cada hora. Para eso están Káto Gialós, que es la de las familias y tiene servicios municipales gratis, o Lazaréta, a diez minutos andando del pueblo.

Pero si el día amanece en calma y tienes un ciclomotor, no lo pienses. Lakká en un día sin viento, con el agua transparente y sin una sola persona a la vista, es la razón por la que la gente se sube a un ferry de seis horas para venir a una isla de cuatrocientos habitantes.