Desde casi cualquier punto alto de Psara se ve, recortada hacia el oeste, una silueta baja y alargada. Es Antipsara, la isla que no tiene a nadie.

Es diez veces más pequeña que Psara, está deshabitada y forma parte de la red Natura 2000 de espacios protegidos. Eso significa dos cosas: que es un sitio excelente para observar aves raras, y que la naturaleza está tal cual, sin construcciones, sin carreteras y sin más presencia humana que las cabras y los barcos que llegan en verano.

La playa

El nombre que se repite es Psilí Ámmos, arena fina en griego. Es una playa larga de arena clara y agua transparente, y hay quien la sitúa entre las mejores del Mediterráneo. Cuando llegas y no hay literalmente nadie más, la afirmación deja de sonar exagerada.

No hay servicios de ningún tipo. Ni sombrilla, ni chiringuito, ni agua potable, ni papelera. Lo que traigas es lo que hay, y lo que te traigas de vuelta también, incluida la basura.

Cómo se llega

No hay línea regular. Se alquila una barca en Psara, y esa es la parte que hay que resolver en el pueblo hablando con la gente.

En el puerto trabajan pescadores que en verano hacen excursiones. No tienen web, ni reserva online, ni están en ninguna plataforma internacional: se les encuentra preguntando en el puerto, en las tabernas o en el alojamiento. Es la forma tradicional de organizar estas cosas en las islas pequeñas y funciona perfectamente, solo requiere un día de antelación y algo de paciencia.

La travesía es corta, un cuarto de hora largo con mar tranquilo. Lo habitual es salir por la mañana y volver a media tarde. Muchas salidas incluyen además una vuelta por los islotes cercanos: Daskaleió, Káto Nisí, Mesiakó, Nisiopoúla, que son formaciones pequeñas alrededor de Antipsara y de la propia Psara.

Pain points, y aquí hay varios importantes

El viento manda. Si sopla meltemi fuerte del norte, no se sale. Punto. Si tienes tres días en la isla y quieres ir a Antipsara, intenta cerrarlo para el primer o segundo día, así te queda margen si un día se cancela.

Mareo. Son barcas pequeñas de pescador, no ferries. Con mar picada se mueve. Si eres propenso, toma algo antes de embarcar y siéntate en el centro mirando al horizonte.

Sombra cero. En la playa no hay ni un árbol ni una roca que dé sombra útil a mediodía. Llevar sombrilla propia no es un capricho, es lo que separa un día magnífico de una insolación.

Agua y comida. Lleva más de la que crees necesitar. Dos litros por persona como mínimo, más comida. No hay dónde comprar nada.

Sin cobertura fiable ni servicios de emergencia. Es una isla deshabitada. Ve con el patrón, no te alejes por tu cuenta a explorar el interior sin decírselo, y respeta la hora acordada de vuelta.

Es zona protegida. No se acampa, no se hacen fuegos, no se molesta a las aves nidificantes y no se deja absolutamente nada. Si ves nidos, aléjate.

Para quién es

Para el que ya ha estado un par de días en Psara y quiere el siguiente nivel de silencio. Para el que hace snorkel: el fondo alrededor de los islotes está en buen estado y hay visibilidad excelente en días de calma. Para el que le gustan las aves, porque la protección Natura 2000 no es decorativa.

No es un plan de medio día con niños muy pequeños ni con gente que necesite baño, sombra y bar. Para eso están Katsoúnis o Káto Gialós, que tienen sombrilla y hamaca gratis cortesía del ayuntamiento y están a un paseo del pueblo.

Lo que te llevas

Volviendo de Antipsara a última hora de la tarde, con la barca dando botes suaves y la silueta de la Mavri Rachi creciendo por delante, se entiende el sentido de todo el viaje a esta isla. No has visto ningún monumento imprescindible. No has hecho cola en ningún sitio. Has estado en una playa donde no había nadie más y has vuelto a un pueblo donde alguien te va a preguntar qué tal ha ido.

Después de esto, cualquier cala organizada del Egeo te va a parecer un centro comercial. La vuelta a la Chora con una cerveza en el puerto es la mejor forma de cerrar el día.