Si en Psara hay un sitio que justifica alquilar un ciclomotor, es este.
El monasterio de la Kímisis Theotókou, la Dormición de la Virgen, está en el norte de la isla, a unos doce kilómetros del pueblo. No es un monasterio grande ni espectacular en el sentido de Meteora o Patmos. Es una capilla rodeada de un muro de protección, encalada, encajada en un paisaje de piedra y matorral bajo donde no se oye absolutamente nada.
Precisamente por eso funciona.
Lo que guarda dentro
Dos cosas hacen especial a este monasterio. La primera son los manuscritos: escrituras hieráticas raras que en su día llegaron desde el Monte Athos y que se conservan aquí, en una isla de cuarenta kilómetros cuadrados en mitad del Egeo. La segunda es el icono de la Virgen, que se venera en toda la isla y que cada 4 de agosto por la noche baja en procesión hasta el pueblo.
Esa noche es la fiesta grande de Psara. Toda la isla participa, incluidos los descendientes que han venido de Atenas, de Quíos y del extranjero. Si tu viaje coincide con principios de agosto, es la experiencia más auténtica que vas a tener aquí, aunque también es cuando la isla está más llena y el alojamiento se agota con meses de antelación.
Las 67 capillas
El monasterio es la construcción religiosa principal, pero no es la única ni de lejos. Repartidas por toda la isla hay unas sesenta y siete capillas pequeñas, cada una cuidada por una familia psariota que la mantiene, la encala y la abre el día de su santo.
Es una tradición que se ve en varias islas griegas, pero en Psara adquiere otro sentido cuando sabes que la población de la isla es de cuatrocientas personas. Salen a más de una capilla por cada seis habitantes. Es la forma que ha tenido esta comunidad de mantener un vínculo con cada rincón de su territorio incluso cuando la mayoría de sus descendientes vive a diez mil kilómetros.
Muchas de esas capillas aparecen de repente en mitad de una curva de la pista, blancas contra el ocre de la colina. Merece la pena parar en una cualquiera.
Cómo llegar y qué esperar del camino
Doce kilómetros desde el pueblo por la carretera del norte. Una parte está asfaltada y otra es pista de tierra en estado variable según el año y las lluvias del invierno.
Opciones reales:
Ciclomotor o quad, lo más habitual. Se alquilan en el pueblo por 20 a 30 euros al día. Con la pista de tierra, ve despacio en las curvas con grava suelta.
Bicicleta eléctrica municipal, posible pero ambicioso. Doce kilómetros de ida por terreno rompepiernas y sin sombra, con la batería justa para la vuelta. Solo si vas entrenado y sales muy temprano.
Andando, unas tres horas de ida. Es una caminata bonita y solitaria, pero hay que llevar tres litros de agua por persona y salir al amanecer. En agosto, directamente no.
Traslado, se puede pactar en el pueblo con alguien que te suba y te baje. No hay taxi oficial, pero en una isla así siempre hay alguien dispuesto.
Pain points honestos
¿Está siempre abierto? No hay horario publicado ni monje residente permanente. Puede que encuentres el recinto abierto y puede que solo puedas ver el exterior y el patio. Si es importante para ti entrar, pregunta en el pueblo antes de subir: alguien sabrá quién tiene la llave.
¿Hay sombra, agua, baños? No, no y no. Es un sitio aislado en mitad de la nada. Lleva todo contigo.
¿Se puede visitar con niños? Sí, si el trayecto lo haces en vehículo. El sitio en sí es tranquilo y seguro.
Cobertura móvil: irregular en el norte de la isla. Avisa en el alojamiento de que subes.
Vestimenta: es un monasterio en uso. Hombros cubiertos y nada de bañadores si vas a entrar al recinto.
El otro plan de la zona norte
Si ya has hecho el trayecto hasta arriba, aprovecha. En la costa oeste, más o menos a mitad de camino, está el yacimiento micénico de Archontiki, donde se han excavado tumbas de hace treinta y cuatro siglos junto al agua. Y en el norte quedan calas prácticamente desiertas donde en todo el día no aparece nadie.
Es el contraste que define a esta isla: en una misma mañana puedes ver una tumba micénica, un monasterio con manuscritos del Athos y bañarte solo en una cala sin nombre. Y por la tarde volver al pueblo, sentarte en la Chora y cenar langosta por lo que en Mykonos cuesta un cóctel.