Conviene empezar gestionando expectativas: el Museo Folclórico de Schoinoussa no es el Museo Arqueológico de Naxos. Es una sala pequeña en la Chora, montada por vecinos de la isla, con objetos donados por las familias y sin una sola cartela en inglés. Se ve entero en veinte minutos.
Dicho eso, merece la parada. Porque lo que guarda es la memoria material de una isla que hasta hace cuarenta años vivía exclusivamente del campo y del mar, y que ahora tiene 250 habitantes censados y una economía que depende de cuatro meses de verano.
Qué hay dentro
Lo habitual en un museo folclórico cicládico, hecho con cariño y sin presupuesto: aperos de labranza, un arado de madera, herramientas para trabajar la fava, cribas, ánforas de aceite, utensilios domésticos, un telar, tejidos y bordados de las mujeres de la isla, trajes tradicionales y una colección de fotografías en blanco y negro que es, probablemente, lo más valioso del conjunto.
Esas fotos son el motivo real de la visita. Muestran Schoinoussa cuando había el triple de gente, cuando el puerto de Mersini era un fondeadero sin muelle de hormigón y cuando la fava se cargaba en caiques para venderla en Naxos. Ves las mismas casas que acabas de cruzar en la calle, con otra ropa tendida y otras caras.
Horarios, y aquí está el problema
El museo abre de forma irregular, principalmente en julio y agosto, y sin un horario publicado que se pueda dar por bueno. A veces está abierto por la mañana, a veces solo al caer la tarde y a veces cerrado durante días. No es dejadez: lo lleva gente de la isla que además tiene otro trabajo.
La forma de resolverlo es la que funciona para casi todo en Schoinoussa: preguntar. En las tabernas de la Chora, en la agencia de Paralos Travel o en tu alojamiento saben quién tiene la llave y cuándo piensa abrir. Si vas a estar tres días en la isla, pregunta el primero y no lo dejes para el último.
Fuera de temporada, de octubre a mayo, no cuentes con que abra.
¿Merece el detour?
Depende del tipo de viajero. Si vienes a Schoinoussa exclusivamente por las playas y tienes dos días, no pasa nada por saltártelo. Si te interesa entender el sitio donde estás, y sobre todo si viajas con niños a los que puedas contar qué es cada trasto, es un rato bien invertido y además está en la calle principal del pueblo, así que el desvío es literalmente de cero metros.
La entrada es gratuita o de voluntad, según quién esté ese día. Si te ha gustado, deja algo en la caja: el mantenimiento sale del bolsillo de los vecinos.
Qué ver alrededor
En la misma calle está la iglesia de Panagia Akathi, la más querida de los isleños, con su fiesta propia el sábado del Himno Acatisto antes de la Pascua ortodoxa. Y a doscientos metros arranca el camino que baja hacia Tsigouri, así que lo natural es encadenar museo, iglesia y playa en la misma mañana.
Si el museo está cerrado y te quedas con ganas de contexto histórico, la alternativa es mirar hacia el este desde cualquier punto alto de la isla: lo que se recorta en el horizonte es Keros, donde los arqueólogos encontraron más de cien figurillas cicládicas del III milenio antes de Cristo, incluidas el arpista y el flautista que hoy son las piezas estrella del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Es el patrimonio más importante de estas aguas y está a la vista desde la playa de Almyros.