La costa oeste de Agistri es un secreto que solo se revela desde el agua. Acantilados cubiertos de pinos que caen verticales al mar. Calas minúsculas a las que no llega ningún camino. Cuevas marinas donde la luz crea reflejos imposibles. Y todo ello a remo, en silencio, con el único sonido de las palas cortando el agua.
El kayak es una de las actividades estrella de la isla. Varias empresas locales organizan excursiones guiadas de medio día. Suelen salir desde Skala o desde la playa de Dragonera y recorren la costa oeste hacia el sur. El recorrido completo son unos 6 km, con paradas frecuentes para bañarse y hacer snorkel.
Nosotros nos apuntamos a una salida de tres horas que arrancaba a las diez de la mañana. El guía, un chico griego llamado Dimitris, nos equipó con kayaks dobles, chalecos y gafas de snorkel. Tras unas instrucciones básicas en la playa de Dragonera (la mayoría del grupo no había remado nunca), nos lanzamos al agua.
Los primeros veinte minutos son de adaptación. Encontrar el ritmo de las palas. Coordinarte con tu compañero. Dejar de salpicaros mutuamente. Pero en cuanto pillas el tranquillo, la experiencia se vuelve adictiva. El kayak se desliza suave sobre un mar en calma. La costa va desfilando a tu izquierda: acantilados ocres, pinos colgando sobre el vacío, alguna cabra despistada mirándote desde lo alto.
La primera parada fue en una cala a la que solo se llega por mar. Una playita de guijarros blancos del tamaño de un salón. Saltamos del kayak al agua. Dimitris repartió las gafas de snorkel y nos indicó hacia dónde nadar. Bajo la superficie, el espectáculo era otro: bancos de salpas plateadas, erizos de mar, esponjas de colores y una pequeña cueva submarina donde la luz del sol dibujaba cortinas azules.
La segunda parada fue frente a los acantilados más altos de la isla. Dimitris nos contó que en esa zona, los pescadores locales han visto delfines en más de una ocasión. No tuvimos esa suerte. Pero el simple hecho de flotar en esas aguas, con los pies colgando sobre un azul profundo y los acantilados elevándose a tu espalda, ya justifica la excursión.
El remate fue un sprint final hasta Aponissos. Llegar al islote en kayak, con el agua turquesa brillando bajo el sol del mediodía, es uno de esos momentos que se te quedan grabados. Dimitris sacó una nevera con cervezas frías y brindamos allí mismo, con los kayaks varados en la arena y el Caribe del Sarónico a nuestros pies.
No hace falta experiencia previa. Las aguas de esta costa suelen estar calmas por la mañana. Las distancias son cortas y el ritmo lo marcas tú. Si te gusta el mar y quieres ver Agistri desde una perspectiva distinta, esta es tu actividad.