La cocina griega no necesita estrellas Michelin para emocionar. Lo demostró aquella tarde en Agistri, sentados en una taverna del puerto de Megalochori, con un plato de pulpo a la parrilla humeante y un vaso de ouzo helado delante. El sol se ponía. El mar chapoteaba contra el muelle. Y en ese momento, juramos que no existe mejor restaurante que una terraza griega con vistas al Egeo.
Agistri no es un destino gastronómico de lujo. Pero es un destino gastronómico de verdad. De los que te dan tomates que saben a tomate, pescado que dormía en el mar esta mañana y queso feta que elaboran en la isla de al lado.
Un tour gastronómico por Agistri empieza, como no podía ser de otra forma, en la panadería de Megalochori. Este pequeño horno junto a la carretera es una institución local. Por las mañanas sacan spanakopita (pastel de espinacas y feta) y bougatsa (pastel de crema) que huelen a gloria. Los locales hacen cola. No es para menos.
La segunda parada es en una de las tavernas del puerto de Megalochori. Aquí se prueba el pescado fresco del día. Normalmente dorada, lubina o salmonete, según lo que haya entrado en las redes esa mañana. El ritual es precioso: te enseñan el pescado entero en una bandeja, tú eliges el que más te guste y te lo sirven a la parrilla con limón, aceite y orégano. Poco más. Y créenos: no necesita nada más.
De postre, miel de pino de Agistri con yogur griego. La miel de los pinares de la isla es oscura, densa y con un sabor intenso que nada tiene que ver con las mieles industriales. La producen unos pocos apicultores locales. Si tienes suerte, te venderán un tarrito para llevar a casa.
Para acompañar, vinos griegos. No esperes Rioja ni Ribera. Aquí el rey es el retsina, ese vino blanco resinado que los griegos beben desde la antigüedad. Tiene un sabor peculiar, a pino, que al principio desconcierta pero que con el tercer sorbo ya te ha enamorado. También hay vinos más convencionales de las denominaciones de origen del Peloponeso, como Nemea o Mantinia.
El tour suele terminar en una taverna de Skala, ya de noche, con un plato de mezze para compartir. Tzatziki cremoso. Berenjenas fritas con miel. Queso saganaki flameado. Aceitunas de Kalamata. Y más ouzo, que nunca falte.
Si te gusta comer y quieres ir más allá del souvlaki de turista, este tour es para ti. No hace falta ser un gourmet. Basta con tener hambre y curiosidad. Lo demás lo pone Grecia.