Hay algo profundamente griego en subir a un barco de madera, soltar amarras y dejarse llevar por la costa sin más plan que bañarse, comer y mirar el horizonte. En Agistri, esta experiencia tiene nombre propio: el paseo en barco alrededor de la isla.
Varios armadores locales ofrecen excursiones de medio día en sus kaikia, los barcos de pesca tradicionales reconvertidos para el turismo. Son barcos de madera pintados de blanco y azul, con toldos de lona para protegerse del sol. Tienen un encanto decadente que ningún yate moderno puede igualar.
La excursión clásica sale del puerto de Skala a media mañana. El barco pone rumbo oeste, pasando frente a la playa de Dragonera, cuyos pinos se asoman al mar como si quisieran zambullirse. La primera parada es en la zona de los acantilados. El capitán fondea en una cala de aguas increíblemente transparentes. Todos al agua. El chapuzón es obligatorio.
Mientras nadas, el olor a cocina empieza a llegar desde el barco. La tripulación prepara el almuerzo a bordo. Nada pretencioso: ensalada griega con tomates y pepino frescos, souvlaki a la parrilla, pan de pueblo y fruta de temporada. Todo regado con vino blanco resinado, el retsina que los griegos beben desde hace siglos.
Tras el almuerzo, el barco sigue hacia el sur. Pasa frente a las calas más salvajes: Mariza, Bariama, Magiza. Playas a las que no llega ninguna carretera. El capitán las conoce todas y sabe cuál está libre para una segunda parada. Si hay suerte, es una cala solo para vosotros.
La última parada suele ser frente a Aponissos. El barco fondea en la bahía y te tiras al agua turquesa que hizo famosa a esta isla. Desde el mar, la vista del islote privado con su puentecito de piedra es aún más bonita que desde tierra. Las fotos desde el barco, con el agua de color imposible, son las que acaban enmarcadas.
El regreso a Skala es el momento zen del día. Tumbado en la cubierta, con el sol de la tarde acariciándote la piel, el viento en la cara y el runrún del motor de fondo. El perfil verde de Agistri se va alejando. Y entiendes por qué los griegos llevan milenios navegando este mar. Porque no hay forma más feliz de gastar un día.
Si vienes a Agistri, no te pierdas este paseo. Es de esas excursiones que empiezan siendo una actividad más del viaje y acaban siendo lo mejor del viaje.