Agistri no tiene grandes montañas ni desfiladeros épicos. Pero tiene algo mejor: un bosque de pinos que cubre el 87% de la isla y que llega hasta la misma orilla del mar. Caminar aquí es una experiencia sensorial. El olor a resina. El suelo mullido de agujas de pino. Las cigarras cantando en verano. Y al final de cada sendero, el azul del Egeo esperándote.
La ruta más popular y gratificante es la que une Skala con Metochi por el interior. Sales del puerto y en lugar de seguir la carretera de la costa, tomas el camino que sube hacia el centro de la isla. El sendero se interna en el pinar. La temperatura baja varios grados bajo la sombra de los árboles. El silencio solo lo rompen los pájaros y el crujir de tus pasos sobre las hojas secas.
Tras unos 40 minutos de paseo tranquilo, llegas a Metochi. La pequeña aldea se asoma a una colina con vistas panorámicas. Egina al norte. El Peloponeso al oeste. En días claros, la silueta lejana de Hidra. Es el lugar perfecto para un descanso. No hay bares ni tiendas, así que lleva agua y algo de picar.
Desde Metochi puedes seguir hacia el oeste por un sendero menos transitado que recorre la cresta de la isla. El camino discurre entre pinos retorcidos por el viento. De vez en cuando, un claro te regala una vista del mar a ambos lados. La sensación de caminar por el lomo verde de la isla, con el azul rodeándote, es difícil de describir.
Otra ruta recomendable conecta Megalochori con la costa oeste. Sales del pueblo por detrás de la iglesia de Zoodochos Pigi. El sendero sube suavemente por una pista de tierra entre huertos y pinos. En unos 30 minutos llegas a un mirador natural sobre los acantilados de la costa oeste. El mar rompe abajo contra las rocas. No hay playa. No hay acceso. Solo tú, el viento y el horizonte infinito.
Si te gusta el reto, el sendero hasta Chalikiada es la prueba de fuego. Desde Skliri, un caminito de 500 metros se interna en el pinar y desciende hasta la cala. La bajada final es algo técnica: rocas, raíces, cierta pendiente. Pero la recompensa es una de las playas más bonitas y solitarias de la isla.
Todas las rutas son aptas para un nivel básico de forma física. No hacen falta botas de montaña: unas zapatillas de deporte con buena suela bastan. Lo que sí es imprescindible es el agua. En verano, el sol griego no perdona. Calcula al menos un litro por persona y hora de caminata. Y un bañador en la mochila. Porque en Agistri, todo camino acaba en el mar.