Spilia (que significa "cueva" en griego) no es una playa en el sentido convencional: no hay arena, no hay guijarros, no hay calita. Lo que sí hay son una serie de plataformas de hormigón colocadas sobre las rocas que descienden hacia el agua justo bajo los baluartes de cañones del puerto de Hidra, con escaleras de hierro para entrar y salir del mar. Es la zona de baño urbana por excelencia, el lugar donde los hidriotas se han bañado desde siempre, y donde van también los visitantes que quieren un chapuzón rápido sin tener que andar 25 minutos hasta Vlychos.
Llegar es muy fácil. Desde el muelle del puerto, caminas hacia el oeste por el paseo marítimo, pasas las terrazas de las cafeterías y, al final, te encuentras con los antiguos cañones de bronce del baluarte defensivo. Justo a la derecha de los cañones bajan unos escalones empedrados hacia las plataformas de Spilia: cinco minutos andando desde el muelle, no más. La cala está dominada por dos establecimientos: el Spilia Beach Bar (también llamado a veces solo "Spilia") y el Hydronetta, a unos cien metros más adelante. Ambos alquilan tumbonas por unos 10-15 euros, sirven cócteles, ensaladas y aperitivos a pie de roca, y tienen una clientela mezcla de turistas y hidriotas de cierta edad que llevan veinte años bañándose ahí.
Lo que hace especial a Spilia es la profundidad del agua. No hay zona de poca profundidad: das un paso desde la plataforma o las escaleras y ya tienes 3-4 metros de fondo. Esto la convierte en un lugar genial para clavados desde rocas de 2-3 metros de altura (los locales saltan, los turistas miran), pero muy desaconsejable para niños pequeños o nadadores débiles: no hay margen de error. El agua, justo a la salida del puerto, es sorprendentemente limpia y transparente porque la corriente la renueva constantemente. Los peces se concentran junto a las rocas y es habitual ver pequeños sargos y obladas si llevas máscara.
Sobre los puntos de dolor honestos: no hay sombra natural, salvo el toldo de los bares. Si no alquilas tumbona, vas a estar al sol sobre hormigón caliente, lo cual no es una opción real en julio-agosto al mediodía. No hay duchas ni vestuarios formales: te cambias con la toalla como en cualquier playa griega improvisada, y para enjuagarte el agua salada tienes que pedirlo en el bar o esperar al hotel. Las escaleras de hierro pueden estar oxidadas y resbalan; ten cuidado al salir del agua. Y, paradójicamente, al estar tan cerca del puerto, en días de mucho tráfico marítimo puede haber rastros de aceite o gasoil flotando: si ves la mancha en la superficie, mejor no te metas.
¿Cuándo viene la gente a Spilia? La hora estrella es el atardecer. La orientación oeste hace que el sol se ponga justo enfrente, sobre el Peloponeso, y las terrazas se llenan de gente bebiendo vino blanco con la última luz dorada. Es probablemente la mejor puesta de sol gratuita de Hidra (sin contar las que se ven desde la subida al monasterio de Profitis Ilias). Para un baño tranquilo, ven a primera hora de la mañana (antes de las 10) o a media tarde (16-18). Para fiesta y cócteles, después de las 19. En cualquier caso, llévate calzado con suela de goma: el camino entre los cañones y las plataformas es de piedra pulida y, mojado, se convierte en un tobogán.