El monasterio del Profeta Elías (Profitis Ilias en griego, Profitou Iliou en algunos mapas) es la excursión clásica de quien pasa más de un día en Hidra y la mejor forma de ver la isla entera desde un solo punto. Está colgado en la ladera sur del monte Eros, a unos 500 metros de altitud (no en la cumbre, que está en 588 m), y se llega a pie por un sendero empedrado que sale directamente desde la parte alta del pueblo. La caminata es exigente pero corta: 2 horas de subida y 1 hora y media de bajada, con un desnivel de unos 480 metros desde el puerto. No es una ruta para hacer con calor de agosto; se recomienda salir al amanecer (6-7 de la mañana) o en otoño, cuando la temperatura es más amable.

El sendero empieza al final de la calle Miaouli, donde el asfalto se convierte en escalones empedrados. Los primeros 20 minutos son los más duros porque atraviesan la zona urbana y subes prácticamente vertical hasta dejar atrás las últimas casas. Luego el camino se suaviza y se convierte en un sendero de mulas zigzagueante que asciende por una ladera de aulagas, pinos enanos y olivos silvestres. Hay tramos sombreados y otros completamente expuestos al sol. Si vas con sed, te recomendamos llevar al menos 1,5 litros de agua por persona porque no hay fuentes en el camino. Calzado con buena suela es obligatorio: el sendero está empedrado pero las piedras están muy pulidas por siglos de paso de mulas y resbalan más de lo que parece, sobre todo cuesta abajo.

Cerca del final hay una bifurcación importante: a la derecha sube hacia el monasterio masculino de Profitis Ilias (el destino principal); a la izquierda hacia el monasterio femenino de Agia Efpraxia, mucho más pequeño y normalmente con horarios de visita más restringidos. La mayoría de los visitantes sube a Profitis Ilias y, si quedan fuerzas, hace una visita rápida también al femenino, a apenas diez minutos andando.

El monasterio masculino fue fundado en el siglo XVIII y todavía hoy alberga una comunidad activa de monjes. La entrada es libre pero hay normas estrictas de vestimenta que conviene conocer antes de subir: brazos y piernas cubiertos para hombres y mujeres, sin tirantes ni pantalones cortos. Si llegas en pantalón corto, los monjes prestan unos pareos para tapar piernas (es habitual y no hay que sentirse mal por pedirlos). Se puede visitar la iglesia principal con su iconostasio de madera tallada, el patio y, según el monje de guardia, alguna sala con iconos antiguos. No se pueden hacer fotos en el interior de la iglesia. Los monjes suelen ofrecer agua fresca y un dulce tradicional (lukumi o similar) al visitante que llega cansado: es una tradición muy bonita, así que no es de mala educación aceptarla.

Lo que viene a buscar todo el mundo, además del propio monasterio, son las vistas. Desde la terraza exterior se ve la totalidad de la ciudad de Hidra en miniatura allá abajo, el puerto con sus barcos como puntitos blancos, la costa del Peloponeso al fondo, las islas de Spetses y Poros en el horizonte y, en días claros, hasta Egina. Es una de esas vistas que justifican el esfuerzo por sí mismas. Si te quedan piernas, los más aventureros continúan otros 30-45 minutos por un sendero algo más confuso hasta la cumbre del monte Eros (588 m), donde hay una pequeña ermita y vistas de 360 grados. Para esta extensión final necesitas más experiencia: el sendero está señalizado con marcas de pintura roja pero a veces se pierde entre la maleza. Es mejor ir acompañado o con GPS descargado offline.