Kaminia (a veces escrito Kamini en los mapas y guías inglesas) es un pueblo pequeñísimo a apenas 500 metros al oeste del puerto de Hidra, y representa el contrapunto perfecto al bullicio cosmopolita del muelle principal. Si la ciudad es el escaparate, Kaminia es la trastienda donde viven los pescadores y donde comen los hidriotas cuando no quieren cruzarse con clientes de yate. Llegar es muy fácil: sales del puerto por el paseo marítimo en dirección oeste, dejas atrás Spilia y los cañones, y en quince minutos andando por un sendero costero llano (con vistas al Peloponeso) aparece la primera curva del minúsculo puerto pesquero. Las distancias en Hidra son cortas y este paseo es uno de los más bonitos de la isla, especialmente al atardecer cuando la luz dorada rebota en las casas blancas.

El centro de Kaminia es un puertecito en forma de U con apenas una docena de barcas de pescadores amarradas, varias casas encaladas y, en lo alto de un islote rocoso justo enfrente, la capilla blanca de Agios Nikolaos, patrón de los marineros. La estampa es probablemente la más fotogénica de Hidra después del puerto principal: la capilla solitaria contra el mar abierto, las barcas balanceándose y, en segundo plano, las montañas del Peloponeso. Es el tipo de paisaje que en una isla más comercial estaría rodeado de quioscos de souvenirs; aquí no hay nada más que dos tabernas, una pequeña playa de guijarros (también llamada Kamini o "baby beach") y unas pocas casas particulares.

Las dos tabernas son el motivo principal por el que la gente viene a Kaminia. Kodylenia está justo encima del puerto, con una terraza colgada sobre las rocas y vistas que son casi mejores que la comida (aunque la comida también es muy buena): pulpo a la brasa, sardinas a la plancha, ensaladas griegas y vinos locales. La otra es Castello, instalada en el edificio del antiguo arsenal de la isla (sí, los cañones del muelle se almacenaban aquí en el XVIII): cocina más elaborada, ambiente nocturno con velas y precios bastante por encima de la media de Hidra. Ambas son lugares donde reservar mesa para la cena, especialmente en verano. Comer en Kaminia con la puesta de sol enfrente es uno de esos rituales que el viajero de Hidra hace una vez y recuerda mucho tiempo.

La pequeña playa de Kaminia es perfecta para una zambullida rápida entre la caminata y la comida: guijarros pequeños, agua transparente y muy poco oleaje al estar protegida por el puertecito. Hay máscara y tubo para usar (puedes ver bancos de pececillos de colores entre las rocas) y un par de hamacas naturales en piedra donde tumbarse. No hay servicios de hamacas ni chiringuito en la playa misma, pero las tabernas del puerto te sirven cerveza y agua sin problema. Si vas con niños pequeños, esta es probablemente la playa más manejable cerca del pueblo: poco fondo en la orilla, sin corrientes y siempre con gente local a la vista. Para playas más amplias y con arena, mejor seguir hasta Vlychos (otros 25 minutos andando) o Mandraki en la dirección opuesta. Si te interesa la vida del pueblo, ven temprano por la mañana (alrededor de las 9-10) cuando los pescadores llegan con la pesca del día y reparan las redes en el muelle; o al atardecer, cuando las terrazas se llenan y empiezan a encenderse las velas. A mediodía Kaminia queda algo desierto, ideal para fotos sin gente pero quizá demasiado tranquilo para cenar.