Esta es la experiencia más auténtica y, sorprendentemente, una de las más baratas que se pueden vivir en Iraklia. La barca Anemos es una embarcación de madera tradicional, propiedad de un pescador del puerto, que cada mañana en temporada (de junio a septiembre, salvo días de mar fuerte) zarpa de Agios Georgios sobre las diez con un grupo pequeño de pasajeros hacia las calas inaccesibles del oeste de la isla. Quince euros por persona, sombrilla incluida a bordo, y unas cinco horas en el agua que cambian el viaje.

La ruta habitual hace dos paradas largas. La primera es Karvounolakos, una cala completamente inaccesible por tierra, escondida bajo un acantilado al noroeste de la isla. La playa es de cantos rodados pequeños y arena gruesa, con un agua extraordinariamente transparente porque casi nadie llega ahí: solo la propia Anemos y algún velero ocasional. Se pasa allí más o menos una hora, suficiente para varios baños, un snorkel relajado y descansar al sol o bajo la sombrilla que pone la barca.

La segunda parada, la estrella, es Alimia. La barca fondea sobre el lugar donde, a once metros de profundidad, descansa el esqueleto de un hidroavión alemán Arado Ar 196 hundido en 1943. Verlo desde superficie con unas gafas es una experiencia única: la silueta del avión se distingue claramente bajo el agua azul, con el tiempo congelado a su alrededor. Los más buceadores se sumergen a apnea hasta acercarse al avión; los demás lo ven perfectamente desde arriba. Después se baja a la pequeña playa de Alimia para un baño en la arena.

Las reservas se hacen en la tienda Perigiali del puerto el día anterior o por la mañana antes de zarpar. No hay sistema online: es Iraklia. El operador es local y la confirmación se hace en persona, dejando los quince euros en mano. Los billetes pueden agotarse en agosto, así que conviene pasarse el día anterior por la tienda y reservar el sitio. En junio y septiembre suele haber sitio el mismo día.

Pegas: la barca depende mucho del tiempo. Cuando hay meltemi fuerte (viento del norte, frecuente en julio y agosto), la excursión se cancela porque la costa oeste queda expuesta a la marejada. Conviene preguntar el día anterior y tener un plan B (jornada de playa en Livadi o subida a la cueva). Segunda pega: la barca es pequeña y básica, no hay baño a bordo, así que si tienes urgencias hay que aguantarse hasta tocar tierra en cada cala. Para la mayoría de viajeros no es un problema, pero conviene saberlo.

Qué llevar: crema solar (en el agua el sol castiga doble), gafas de sol, gorra, traje de baño puesto, toalla, agua suficiente para cinco horas, fruta o algo de picar (no hay catering a bordo), gafas de bucear (mejor las propias para garantizar el ajuste), aletas si las tienes (para los buenos snorkeleros) y una pequeña bolsa estanca para el móvil. Llevar también algo de dinero suelto por si se quiere comprar agua fría al volver al puerto.

¿Qué la convierte en imprescindible? El precio, la autenticidad, el contacto directo con el patrón local, la combinación de naturaleza salvaje y memoria histórica (el avión hundido), y el hecho de llegar a calas que no se pueden ver de ninguna otra manera. Para quien venga buscando experiencias reales y no productos turísticos manufacturados, esta excursión es de lo mejor que ofrece Iraklia.

Combinarla con la visita a la cueva de Agios Ioannis en un día distinto da un plan de dos jornadas (mar y montaña) muy redondo. Y si te queda otro día, terminar con una caminata al sur a Tourkopigado cierra el círculo de Iraklia entero. Para los que llegan en velero propio desde Naxos, Karvounolakos y Alimia también se pueden hacer por libre, pero la experiencia con la Anemos tiene un punto extra.